Saltar al contenido

¿Qué ha pasado en la(s) industria(s) del cómic en 2023?

Hablar de la situación del mundo del cómic en España siempre resulta complicado. Pero no por ello hay que dejar de hacerlo, es más, ojalá se hiciese mucho más a menudo en foros destinados a ello, sin público, y con una voluntad férrea de cambio.

Si hubiese que recurrir a una imagen o a una metáfora simbólica creo que la más apropiada es la de la película «El odio» de Mathieu Kassovitz. Al inicio y al final de la misma se cuenta la historia de un hombre que cae desde un edificio de cincuenta pisos. A medida que va cayendo no para de repetirse: «hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien», pero lo importante no es la caída, es el aterrizaje.

Este 2023 rezuma esa sensación. Por más que los problemas endémicos del sector lleven años identificados, por más que hablemos de la pobreza extrema como algo estandarizado, por más que estén desapareciendo editoriales, eventos y librerías, y por más que insistamos en que hay mecanismos para cambiar las cosas, hay toda una parte que repite sin descanso: hasta ahora todo va bien.

Eso sí, hablar de que todo va mal, así sin más, no sirve de nada en absoluto. O peor, solo sirve para recalcar un desánimo y una desilusión que siguen siendo un caldo de cultivo maravilloso para aquellos que quieren insistir en el padrenuestro eterno de cada día, el famoso «es lo que hay».

En fin, hablemos de unos cuantos greatest hits de este 2023 y de la lista de deseos para 2024.

El día del cómic

El 17 de marzo de este año se celebró el primer Día del cómic y del tebeo de manera oficial en España y esto lo podemos valorar como queramos, pero es un hito histórico del que ya no podrá dejar de hacerse eco ningún cronista del futuro que pretenda hacer un trabajo riguroso.

La iniciativa corresponde a la Sectorial del Cómic, y esto es algo que tampoco debería obviarse, porque supuso varios años de trabajo hasta llegar a tener una fecha fija en el calendario que nos permita la visibilidad y la relevancia que nos merecemos.

Esta celebración supone un poco de luz entre la oscuridad que tanto se cierne sobre las industrias del cómic en España. Sin embargo, cuidado, la fiesta, el baile y el cachondeo están muy bien y son muy necesarios, pero no olvidemos nunca que los «días de» tienen siempre una función de denuncia. Se crean para poner un foco de atención sobre las problemáticas de algo concreto.

Y nosotros tenemos problemáticas de las que hay que hablar: tenemos pobreza extrema, tenemos una cadena de distribución opaca, tenemos un índice de lectura bajo, tenemos falta de recursos públicos dedicados al sector, tenemos problemas fiscales, tenemos problemas legales…

Nos pasan muchas cosas y nos hemos acostumbrado a hablarlas solo entre nosotros en una especie de barra del bar digital que no conduce más que a la frustración, a los recelos y al intercambio de pantallazos como si fuésemos chavalillos de instituto.

Tenemos problemas y tenemos todo un Día del cómic y del tebeo. Aprovechémoslo para hablar de lo que nos pasa, para contárselo a las instituciones con todo lujo de detalle, para dar cifras, para comentarlas, para exponer y buscar soluciones.

La fiesta está muy bien. Cuando la acompañemos de todas las reivindicaciones necesarias, estará todavía mejor.

¿El libro blanco del cómic?

2023 estaba llamado a ser el año en el que se presentase el primer Libro Blanco de la Industria del Cómic en España. Pero no ha sido así.

Todos recordamos otro momento histórico: el presidente del gobierno echando un rato en una librería de tebeos mientras se le cuentan y se interesa por varias de las problemáticas que se le exponen.

En un momento del vídeo que circula por ahí, el presidente de la Sectorial del Cómic le cuenta que se está elaborando el libro blanco y la respuesta es un comentario muy parecido a: «en cuanto lo tengáis os venís a Moncloa».

Pero llegaron las elecciones sorpresa y todo se quedó en una fase de espera.

Recordémoslo otra vez para no olvidarnos: elaborar un libro blanco que analice la situación del sector del cómic en España es histórico.

Y una vez más la iniciativa es de la Sectorial del Cómic y de nuevo ha sido fruto de varios años de trabajo implicando y coordinando a muchísima gente por el camino.

Eso es así y quien diga lo contrario miente (o se inventa lo que sea con algún tipo de intención que nos devuelva de nuevo a la barra del bar digital en la que todo vale y nada se cuenta con el mínimo de rigor que exige cualquier análisis medianamente serio).

Ahora bien, el hecho de que se haya presentado un avance del libro y a pesar de que se preveía una presentación en el último trimestre del año, finalmente no sucedió. Y eso deja espacio para hacernos unas cuantas preguntas: ¿es necesario esperar para presentar el libro blanco? ¿a qué se está esperando concretamente y por qué? Según el avance presentado, el informe presentará datos correspondientes a 2021 en 2024, ¿de verdad todo lo que pueda proporcionar esa espera merecerá tanto la pena?

Ni idea, esperemos.

En cualquier caso, no nos engañemos, muchísimo mejor eso que nada. Voy a insistir con vehemencia: infinitamente mejor eso que movernos en la total oscuridad que es lo que ocurre ahora mismo, y el esfuerzo por coordinarlo y sacarlo adelante no puede más que merecer el aplauso.

Comics broke me

En el mes de junio, la muerte temprana del autor Ian McGinty desató una tormenta bajo el hashtag Comics Broke Me.

Autoras de cómic de todo el mundo hablaron sin tapujos de sus condiciones.

No hablaron solo de sus condiciones económicas, sino también de cómo la forma en que está montada la industria del cómic, los ritmos de trabajo a los que se ven sometidas y la manera en la que se establecen las relaciones con las editoriales, destrozan su salud mental, llevándolas a cuadros graves de ansiedad, de depresión o de trastornos compulsivos.

Ese movimiento se extendió y llegó a España. Y aquí la cosa no va mejor.

La industria autóctona ofrece unas condiciones que apenas merecen ese nombre. En lo económico estamos anclados en cifras que están años luz de la dignidad.

Seamos honestos, abandonemos por un instante cualquier intento de maquillar las situación. En España el umbral de la pobreza en 2022 se situó en 10 080 euros anuales, es decir, 840 euros al mes. Cualquier persona que quede situada por debajo de eso está en un riesgo grave de exclusión social.

Las autoras de cómic en España que perciben al menos 10 080 euros al año por su trabajo están por debajo del 8 por ciento.

Voy a repetirlo muy despacio: menos de un 8 por ciento de la gente que hace cómic en España consigue unos ingresos superiores al umbral de la pobreza por su trabajo.

Pero cuidado, ese ni siquiera es el dato más relevante.

Más de la mitad de las autoras de cómic en España reciben unos ingresos por debajo de 1000 euros anuales. Es decir, quedan diez veces por debajo del umbral de la pobreza.

Eso obliga a varias cosas: la primera es el pluriempleo. Hacer cómics en España es una actividad secundaria o incluso terciaria. Dicho de otro modo, en la industria del cómic español, los cómics se crean en el tiempo libre que nos deja nuestro trabajo de verdad.

Llevemos esa frase a cualquier otra industria para ver cómo nos suena: en la industria automovilística española, los coches se fabrican en el tiempo libre; en la industria cinematográfica española, las películas se ruedan en el tiempo libre; en la industria farmacéutica española, los medicamentos se fabrican en el tiempo libre…

La segunda es la fuga masiva de talento. Si la industria del cómic español no da para vivir, las autoras nacionales buscan oportunidades en otras industrias, muchas veces alentadas por editores patrios en una suerte de «vete a buscar ilusiones al extranjero, haz fortuna en el nuevo mundo».

Para ello deben adaptarse a los modismos culturales de otros mercados, deben caer en una desprotección jurídica total y absoluta, y, en muchos casos, deben aceptar ofertas económicas que los propios autores de esas otras industrias no aceptarían.

La tercera es acudir a terapia. Tanto los que trabajan en la industria del cómic español como los que trabajan para industrias del cómic de otros países están sometidos a una presión brutal. Si no es por culpa de la pobreza extrema, es por las jornadas de trabajo maratonianas o por la falta total de cuidados por parte de las empresas para las que las autoras son poco más que los últimos eslabones de una maquinaria que cada vez debe producir más cantidad y más rápido.

Esas situaciones límite acaban desembocando en trastornos graves que requieren tratamiento psicológico que, en muchos casos, necesita una continuidad extendida en el tiempo. Y eso agrava aun más la situación porque el psicólogo hay que pagarlo con un dinero que no se tiene o porque hay que acudir sacando huecos de alguno de los trabajos.

Todo esto es serio. Es serio y es grave. ¿De verdad queremos que esta situación se mantenga? ¿A costa de qué? ¿Queremos hablar de una industria del cómic español que no hace nada por remediar esta situación?

Comics Broke Me surge en un momento puntual, pero cuidado, la situación de los autores no mejora cuando ese momento pasa.

Ahora bien, mucha atención, para hablar de esta situación no vale todo.

En medio de la vorágine de testimonios del Comics Broke Me, SEGAP – CGT lanzó una campaña que pretendía explicar cómo es la situación de precariedad en la que estamos inmersos.

Lo hizo desinformando. Hablaron de precios por página sabiendo que en España no existe ese modelo.

Criticar el funcionamiento de cualquier parte de la cadena del cómic no solo es lícito, es necesario. Necesitamos que se hable y se reivindique todos los días. Necesitamos que se haga desde dentro del sector y también hacia fuera. Que se sepa lo que hay, que lo sepan las instituciones y que lo sepan los lectores.

Pero con rigor y sin generar desinformación porque en el momento en que se pasa esa línea se deslegitima la lucha y se sirven en bandeja de plata los argumentos para todos aquellos que nunca quieren sentarse ni siquiera para hablar de la situación.

Esa campaña alcanzó cierta viralidad, sobre todo entre las gente más joven, y es terriblemente dañina porque lanza datos falsos y descontextualizados con la única intención de generar un alto impacto. A eso en mi barrio le llamamos propaganda de la mala.

Que algo así se extienda no trae nada bueno, solo un problema tras otro. Y encima se vuelve a replicar a finales de año en un bochornoso artículo en el 20 minutos en el que se vuelve a caer voluntariamente en el mismo error.

Pero en ese artículo hay más, mucho más…

No lo voy a enlazar porque preferiría que lo borrasen y no seré yo quien les dé más visitas, pero no olvidemos que también hay una respuesta entrecomillada que dice: «Lo mismo que hay autores que cobran poco, también hay autores que cobran bastante y lo mismo que también hay precariedad en autores también hay precariedad en alguna editorial».

Decir algo así es terrible y no vale más que para tratar de maquillar una situación lanzando una equiparación imposible.

Volvamos al principio, a la frialdad de los datos: en la industria del cómic español las autoras que reciben más de 10 080 euros al año por hacer cómics son menos de un 8 por ciento del total. ¿Qué tanto por ciento de los editores en España reciben por su trabajo más de 10 080 euros al año?

¿De verdad queremos equiparar ambas situaciones o rápidamente alguien saldrá diciendo «es que son cosas distintas»?

Hablemos de todo, por favor, hablemos hasta que nos duela la garganta, todas las veces que haga falta.

Reivindiquemos, por favor, mucho y todos los días, hasta que vayamos consiguiendo que la cosa cambie.

Pero con rigor. Sin caer en desinformaciones que deslegitiman ni tampoco en frases hechas baratas que equiparan situaciones tan desiguales que resulta sonrojante.

Los avances en el estatuto

En 2023 se han producido muy buenas noticias referentes al ámbito legislativo y que nos afectan a todas las autoras de cómic de la industria española. Todas ellas son fruto del trabajo incansable que se realiza en cada una de las reuniones que se celebran en torno al desarrollo del Estatuto del Artista.

La primera es que todos los pagos que recibamos en concepto de adelanto de derechos ya no llevan un 15 por ciento de IRPF sino que llevan solo un 7 por ciento.

La segunda es que el resto de pagos que recibamos de cualquier otra actividad relacionada con nuestra profesión (charlas, encargos, redacción, participación o colaboración en medios, talleres…) también pueden reducirse del 15 por ciento de IRPF al 7 por ciento si se cumplen dos condiciones: que el total de nuestros ingresos del año inmediatamente anterior esté por debajo de 15 000 euros, y que al menos el 75 por ciento de esos ingresos provengan de la misma actividad artística.

La tercera es que desde principios de año existe un epígrafe propio en el IAE para los guionistas y escritores y eso permite al menos que una parte del sector goce de una identidad propia frente a la hacienda pública y dejen de figurar en el grupo de los artesanos y artistas falleros.

Y la cuarta, y más importante de todas, es que hace unos días se publicó la modificación de la ley 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil, a la que se añade el Artículo 11 quater: Legitimación para la defensa de los derechos e intereses de los trabajadores por cuenta propia o autónomos del arte y la cultura.

Y eso lo que significa es que ahora mismo todas las asociaciones profesionales legalmente constituidas, así como las federaciones y uniones de las mismas, pueden defender en juicio individual o colectivamente a sus asociadas y también pueden representar los intereses generales de los trabajadores por cuenta propia o autónomos del arte y la cultura.

Esto supone un cambio radical por muchos motivos ya que proporciona un nuevo marco para las autoras de cómic en nuestra industria. Ahora, por ejemplo, se puede acudir a una asociación con un problema legal con un contrato o con una situación de abuso o de mal uso de los derechos de explotación de una obra y esa asociación puede personarse en un juzgado para denunciar la situación.

Eso ahorra un mal trago a la autora, le ofrece un amparo que hasta ahora no tenía y además, consigue algo que a nivel legislativo es oro: jurisprudencia.

Pongamos un ejemplo práctico. Imaginemos que las asociaciones se ponen de acuerdo para denunciar algo que es muy habitual en la industria del cómic español: la falta de informes de liquidación de las obras con todas las evidencias documentales necesarias que certifiquen que lo que se cuenta es cierto.

Esas denuncias irán poco a poco generando sentencias. Esas sentencias se agruparán y se podrá argumentar de forma clara y con evidencia jurídica: «existe un problema con esto». Y esa evidencia podrá presentarse frente a las administraciones competentes y reclamar que se endurezcan las leyes al respecto y se sancione en consecuencia a todo aquel que las incumpla.

Y eso es solo un pequeño ejemplo, pero hay cientos de posibilidades más: facturas que no se pagan o tardan meses en cobrarse, obras que desaparecen del circuito de explotación como por arte de magia, incumplimientos a la hora de saldar ejemplares, contratos que incluyen cláusulas ilegales, certificados de imprenta que no se entregan ni siquiera cuando se solicitan…

Volvamos a los datos, pongamos que has escrito una obra y vas a recibir como anticipo 225 euros (me ha pasado, es un caso real) y detectas no uno, sino varios incumplimientos del contrato. ¿Qué puedes hacer? ¿Te vas a una abogada e inicias un largo proceso para tratar al menos de rescindir el contrato y recuperar los derechos de explotación de tu obra?

Eso te costaría más de lo que cobraste por la obra. Y eso solo hablando de dinero.

¿Qué coste supone a nivel mental? ¿Cuál es el coste a nivel reputacional entre las editoriales?

Ahora puedes acudir a una asociación profesional. Esa asociación profesional puede hacerse cargo, y es más, puede contactar a, por ejemplo, otros 7 autores y autoras que estén en una situación similar con esa misma editorial, y hacer una demanda colectiva reclamando la rescisión, la recuperación total de los derechos, la destrucción de los ejemplares restantes para que encima no se les saque rédito y una compensación por lucro cesante.

La cosa cambia, cambia mucho.

¿Qué se le puede pedir a 2024?

La lista de deseos para el nuevo año es amplia, pero sin duda merece la pena.

Hay muchas cosas que hacer y, por suerte, hay muchas herramientas para llevarlas a cabo entre todos.

En determinados foros siempre se utiliza la metáfora de «ir todos en el mismo barco», así que venga, de acuerdo, compremos el símil. Pero todos significa todos, reunámonos en la cubierta y, por una vez, que nadie nos explique los conceptos básicos de la navegación. Ya los conocemos, gracias. Si seguimos así nos hundimos, y al menos nosotros ya sabemos lo que es viajar hacinados en las bodegas.

Vamos con la wishlist:

Comportarse como adultos

La política lleva años tratando a los ciudadanos con una infantilización que se escuda en la utilización del relato como única herramienta comunicativa. Se sustituye lo que ocurre por «lo que yo te cuento que ocurre», de modo que quien maneja la narración gana muchos puntos para imponer su perspectiva de la realidad en beneficio propio.

Esto lleva a una confrontación diaria en la que apenas hay tiempo para pensar porque hay que adueñarse de lo que se va a contar antes de que los demás abran la boca.

Por culpa de esa ansiedad por dominar la conversación pública desaparece el análisis sosegado y se simplifica cualquier problema a su mínima expresión.

Así, deja de existir la posibilidad de buscar soluciones comunes porque los problemas del otro ni siquiera se consideran problemas, son solo excusas ante las que lanzar un «¿a ti te va mal? No me hagas reír, yo sí que estoy mal de verdad».

Estando en esa actitud da igual lo que se pretenda, cualquier viso de colaboración está condenada al fracaso.

Por eso nos vendría muy bien empezar a comportarnos como adultos: dejar de negar que tenemos problemas muy graves y empezar a hablar de ellos sin tabúes, sin aspavientos y con datos en la mano.

En 2020 pedimos un espacio en el que hablar entre todas las partes integrantes de la industria del cómic español para tratar de buscar soluciones de puertas para adentro. En 2021 lo volvimos a pedir. Insistimos en 2022. También en 2023. Ojalá nos lo traiga el 2024, basta con ponerle un mínimo de voluntad.

Pero ojo, que me lo veo venir, lo que se pide no es organizar un par de charlas al año en diferentes eventos. Eso está muy bien como algo interesante, edificante e incluso como entretenimiento para los asistentes, pero lo que se busca es un sitio para identificar bien los pormenores de cada una de nuestras problemáticas y actuar en consecuencia.

Unión, unión, unión

La modificación que llegó hace unos días gracias a la mesa del Estatuto del Artista cambia mucho la situación de las asociaciones de profesionales de la cultura. El hecho de poder representar a sus asociadas judicialmente y de poder representar sus intereses frente a cualquier institución, supone un viraje radical que no queda más remedio que aprovechar.

Pero para ello necesitamos ser fuertes, mucho más fuertes. En España tenemos hasta una decena de asociaciones o colectivos de autores si sumamos las nacionales, las regionales y demás. Y entre todas ellas apenas están representados un tercio de todas las autoras que hacen tebeos.

Las oportunidades hay que aprovecharlas.

Cada asociación por separado tendrá una fuerza limitada, pero juntas y con la capacidad que garantiza ahora la ley para las federaciones, confederaciones y uniones, se puede crecer (y mucho) en la defensa de nuestros derechos y en el avance hacia una reforma del sector.

Por otro lado, hagamos autocrítica, seamos honestos y preguntémonos por qué no somos capaces de llegar a la mayoría de los autores. No nos hagamos trampas, no juguemos a los relatos y sigamos insistiendo.

Necesitamos un espacio que sea proactivo, que proponga, que dialogue, que reivindique y que no caiga solo en reaccionar en una algarada confusa ante la polémica de turno.

Unión, unión, unión. Acción, acción, acción.

Medidas concretas

No hay nada que me saque más de quicio que leer reportajes o artículos en prensa que hablen de lo mal que está todo sin que nadie dedique una sola línea a comentar posibilidades de mejora de la situación.

Debe ser que me crié escuchando cuatro veces por semana una frase que no paraba de repetirme mi yayo: «críticas no, soluciones». La utilizaba siempre que nos escuchaba quejarnos de cualquier cosa y luego apuntillaba «si vas a quejarte de algo, ya deberías estar pensando en un par de cosas que podrías hacer».

Así que, nada, toca proponer:

Directiva europea de derechos de autoría

Desde 2019 está en vigor y obliga a todos los estados miembros a incorporar en su legislación toda una serie de aspectos con la intención de proteger y reforzar a los creadores en diferentes ámbitos.

Cada uno de los estados tiene la obligación de trasponer la directiva poco a poco. Pues bien, en España no se ha llevado a cabo esa trasposición en aspectos fundamentales, en concreto, en los artículos que van del 18 al 22.

Dichos artículos van directos, como un misil, a muchos de los problemas que hemos comentado hasta el momento:

El 18 se dedica al principio de remuneración adecuada y proporcionada, es decir, que los autores empecemos a cobrar por todas y cada una de las horas de trabajo invertidas en la creación de las obras y no solo una parte porcentual de las ventas como hasta ahora.

El 19 habla de que las autoras recibamos información exhaustiva acerca de la explotación de nuestras obras, incidiendo en la totalidad de los ingresos generados y la remuneración correspondiente.

El 20 habla de adaptar los contratos para que, en el caso de no existir un convenio colectivo (que sería lo deseable), se pueda reclamar siempre el principio que se explica en el artículo 18, es decir, la remuneración adecuada que garantice el cobro de cada hora de trabajo.

Y el 22 amplía el derecho de revocación de los contratos dejando muy claro que se podrán rescindir en el mismo momento en el que una obra deje de explotarse.

Estatuto del artista

Aunque ya se ha avanzado en varios aspectos relativos del estatuto, todavía queda mucho desarrollo por delante, sobre todo en lo referente al reconocimiento de la intermitencia en nuestro trabajo y que eso suponga un régimen fiscal adecuado.

Trabajamos muchos meses al año, pero juntamos muy pocas facturas y encima, cuando provienen de la industria del cómic nacional suelen ser por importes muy bajos. Esto genera que una gran parte del trabajo se haga sin cotizar por falta de recursos o que haya autoras que solo se den de alta en momentos muy puntuales.

También se requiere una actualización mucho más completa de las profesiones artísticas que se reflejan a la hora de inscribirnos como retenedores en la agencia tributaria.

La profesión de historietista sigue sin existir de manera oficial para la administración.

Esto además de generar un agravio comparativo con respecto a otras profesiones artísticas, y por tanto una pérdida de visibilidad e identidad, también supone una imposibilidad para avanzar en nuestras peculiaridades concretas.

Transparencia en la distribución

Nadie sabe lo que se vende. No tenemos cifras reales. No podemos pagar para obtenerlas, solo se puede llegar a estudios parciales (como los de GfK, que no incluyen datos de librerías especializadas en un ecosistema que incluye casi trescientas).

Esto no solo genera un clima de desconfianza, además impide que se pueda hacer un estudio de mercado en condiciones o un análisis de tendencias.

Es más, sin las cifras concretas tampoco tenemos claro si vivimos en una burbuja a punto de explotar o si «hasta ahora todo va bien».

Un sistema que haga que cada vez que un código de barras pase por un lector de una librería sume uno en una base de datos de ventas, no es un prodigio tecnológico fuera de nuestro alcance, ni tampoco es una locura imposible que amenace con destruir toda la cadena.

Son datos, información vital y necesaria que beneficia a todas las partes. A todas, sin excepción.

¿Por qué no se avanza en este sentido? Ni idea, pregunten a otros.

Decrecimiento sostenido y sostenible

En cuestión de días alguien sacará las cifras del número de novedades que se comercializaron este año. Spoiler: estará muy cerca de las 5000 novedades (si es que no se han superado).

Eso son 13 cómics nuevos cada día. Todos y cada uno de los días del año.

La rotación que eso supone en las librerías es mortal. Y digo mortal porque ya son varias las que han tenido que cerrar.

La presión que eso supone sobre las editoriales, especialmente sobre las más pequeñas que se ven obligadas a incrementar sin sentido su ritmo de producción si quieren tener visibilidad y mejores acuerdos con las distribuidoras, es mortal. Y digo mortal porque ya son varias las que han tenido que cerrar.

La velocidad que se adquiere supone que las novedades, especialmente los títulos más pequeños (y en esto la industria del cómic español siempre sale perdiendo) permanezcan mucho menos tiempo en los puntos de venta. En una semana o dos desaparecen, y esto es mortal. Y digo mortal por la cantidad de libros muertos que se lanzan al mercado.

Ante esto solo cabe bajar el ritmo, y aquí estamos como siempre ¿quién lo baja primero? Pues ni idea, pero es evidente que todos deben hacerlo viendo tanto cadáver por el camino.

¿Qué se puede hacer? Pues… ¿qué tal si las diferentes partes del sector se sentasen a una mesa a hablar sobre todo ello y todo el mundo llevase una carpeta con su cifras?

El decrecimiento es imprescindible y además debe ser sostenido y sostenible para llegar a un equilibrio sin tantos muertos, pero para eso hace falta que reconozcamos los problemas primero.

¿Qué podemos pedir a las instituciones?

Varias cosas: la trasposición de la directiva europea de derechos de autor, especialmente en el articulado que va del 18 al 22. Incentivos fiscales para la producción de obra nacional. La puesta en marcha de la oficina de derechos de autoría que se comprometió en la anterior legislatura y que podría velar por la transparencia de la cadena de distribución y ofrecer asesoramiento jurídico a autoras y editoriales. Insistir en la visibilidad de la profesión y el reconocimiento cultural que nos corresponde. Acuerdos con las bibliotecas. Planes de lectura. Ayudas directas a la creación. Becas. Residencias. Mejoras legislativas para las escuelas de cómic.

La lista es larga y se podría extender muchísimo más si nos vamos a la introducción del cómic en las aulas a través de las diferentes consejerías de educación de las comunidades autónomas.

Hay mucho que hablar con las instituciones y para ello también se necesita una unión mayor y una representatividad mucho más amplia.

¿Qué nos podemos pedir como sector?

Lo primero y fundamental es avanzar hacia la profesionalización. Y no hablo solo a nivel económico. ¿Cómo podemos siquiera hablar de profesionalizar un sector en el que incumplen leyes sencillas todos los días, cuando no se cuidan los contratos, cuando no se hacen los informes de liquidaciones, cuando no se mantienen las formas… ?

Vuelvo a mi yayo cuando decía «cuesta lo mismo hacer las cosas bien que hacerlas mal».

El respeto por hacer las cosas bien no debe faltar nunca en un ambiente profesional. Para eso es importante abandonar paternalismos, condescendencias y, sobre todo, cutrez.

Quitémonos toda esa cutrez de encima y seguro que la falta de lastre nos hace levantar unos metros al menos.

Resumiendo

2023 ha traído cosas regulinchis y cosas muy malas, pero también buenas noticias. Así que nada, hagamos un tradicional propósito de enmienda y seguro que el 24 llega cargado de ilusiones y avances en positivo.

En cualquier caso, tú que has leído esto hasta aquí (enhorabuena, porque vaya tela), recuerda siempre que esto no es más que mi blog. Solo eso. Las conversaciones e interacciones necesarias tendrán otros foros y espacios alejados de lo digital.

¡Feliz 2024 a todas!