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Lo de las ayudas (2026) II

En este momento todavía sigue abierta la inscripción para que puedas presentarte a las ayudas a la creación de cómic.

Ya hablé sobre ello hace unos días, pero no tenía claro un aspecto, así que hice una consulta en el propio correo abierto a preguntas. La consulta era concretamente esta:

En el punto 7.3 hay un punto que dice: 

Declaración responsable de comprometerse, en caso de resultar beneficiario y querer publicar la obra subvencionada durante los cuatro años siguientes a la fecha de vencimiento del plazo para presentar la justificación, a hacerlo exclusivamente con una editorial española.

«Aquí entiendo que se refiere a que de existir una primera publicación en ese plazo debería ser sí o sí con una editorial española. Pero ¿esto limita a que deba vencerse ese plazo para que se publique en cualquier otro país como licencia de esa primera publicación?»

La respuesta es tan clara como escueta: si te dan la ayuda el cómic solo podrá publicarse por una editorial española hasta que se cumpla el plazo.

¿DE CUÁNTO ES ESE PLAZO?

De cinco años y medio, es decir, cuatro años más lo dieciocho meses que suponen el «vencimiento del plazo para presentar la justificación».

Pongamos un caso práctico. Te presentas en esta convocatoria. Te dan la subvención. Estamos a 20 de diciembre de 2026 y se pone en marcha el reloj de año y medio como máximo para entregar la obra terminada. Ese plazo concluye en junio de 2028. Ahí arranca el segundo reloj, el de los cuatro años que nos lleva hasta junio de 2032. Es en ese momento cuando tu obra podría ser publicada por alguna editorial extranjera. Hasta ese momento solo podría salir editada (si así lo decides) por una empresa de aquí.

¿CUÁL ES EL PROBLEMA?

El problema es que la convocatoria y la respuesta a las dudas que genera son concluyentes: limitan la proyección internacional de la obra. ¿Por qué decidieron algo así? Ni idea, pero resulta extraño si miramos a otras convocatorias e incluso a la política de la Dirección General del Libro, el Cómic y la Lectura con respecto a los tebeos en los últimos años.

Si nos quedamos en casa, sin salirnos de las ayudas en el mundo del libro, y miramos a las ayudas a la creación literaria, veremos que ahí no hay ningún tipo de limitación con respecto a lo que decidan las autoras sobre qué hacer con sus obras.

Reciben la ayuda, escriben, entregan la obra a la administración y ahí se acaba toda obligación. A partir de ahí, una puede decidir publicar con una editorial española, con una francesa, una de Hong Kong, autopublicarse o guardar la obra en un cajón para siempre.

Tiene sentido porque cumple la premisa más básica de todas de nuestra Ley de Propiedad Intelectual: lo que ocurre con los derechos de explotación de mis obras es una decisión que me atañe a mí. Única y exclusivamente a mí. Soy yo quien decide explotarlos o no y negocio con terceros cómo ha de realizarse esa explotación.

Si nos vamos a otra convocatoria reciente, pero del ámbito del cine, nos encontramos con las ayudas al desarrollo de guiones para películas de largometraje convocadas por el Instituto de las Ciencias y las Artes Audiovisuales (dependiente también del Ministerio de Cultura pero en un ámbito completamente distinto).

En esas subvenciones presentas un proyecto de guion y, si te llevas la ayuda, tienes un tiempo para escribir la película completa. A partir de ahí, tú verás lo que haces con ello. Puedes mover el guion, puedes vendérselo a una productora iraní, a una de Madagascar o a una de Puerto Rico sin que nadie te exija compromiso alguno en ese sentido.

En el cómic sí que se ha introducido ese compromiso. La justificación es que se quiere fortalecer a la industria en su conjunto.

Vale, genial. Ya en el texto anterior dije que se puede comprender la intención, claro, pero ha quedado formulada de un modo que es excesivamente limitante.

Con tan solo un matiz, cambiando ese «exclusivamente con una editorial española» por «primero con una editorial española» quedaría resuelto el entuerto. Al mismo tiempo se garantizaría que los 40 proyectos seleccionados, en caso de ser publicados en un período razonable, servirían para nutrir el mercado patrio y, al mismo tiempo, no se frenaría la proyección internacional de esas obras.

Porque frenar esa proyección internacional es lo más desconcertante de todo.

¿POR QUÉ ME SIENTO TAN DESCONCERTADO?

Porque la política de la Dirección General en cuanto al cómic en los últimos años ha venido marcada por una serie de líneas maestras claras.

Uno de sus pilares son estas ayudas. Dos millones de euros en dos años y con la intención de que se consoliden.

GRACIAS, no se puede decir otra cosa. Y no hay ni ironía ni sarcasmo ni subtexto. GRACIAS.

El caso es que otro de esos pilares es la internacionalización. Estos años han sido los de las delegaciones de gente del cómic nacional por ferias de todos los continentes. Se quiso representar de forma activa el tebeo español en Estados Unidos, en Japón, en Francia, en Italia, en Mexico, en Colombia…

Se financiaron hasta tres catálogos de venta de derechos internacionales, es decir, se crearon directamente para tratar de contribuir a que las obras españolas fuesen traducidas y publicadas, a que obtuviesen una proyección internacional que ahora se frena por no haber escogido el adverbio apropiado.

OTRO EJEMPLO PRÁCTICO

Te presentas a las ayudas y te la dan. Entregas sobrado de tiempo y tu obra se publica en diciembre de 2027. Es un éxito. Un auténtico pepinazo que copa titulares, listas de «lo mejor de» y sales en radio y televisión.

Va tan bien la cosa que en 2028 te llevas el Premio Nacional. A lo loco.

Pues nada, siguen faltando cuatro años hasta que puedas negociar los derechos para su explotación fuera de España. Es más, si permitiste a tu editorial que negociase esos derechos en tu nombre, tampoco puede hacer nada con ellos hasta junio de 2032.

Ganaste el Nacional, sí, el mayor galardón que se puede recibir en España por hacer tebeos, pero nada, la proyección internacional de la obra se queda congelada hasta que se venza el plazo.

Entiendo que se pueda pensar: «a ver, son cuatro años, ese tiempo pasa rápido y, si la obra es buena va a seguir siendo igual de buena en 2032» Y… bueno… repito… entiendo que se pueda pensar eso, pero es muy difícil de compartir porque sabemos cómo está el sector editorial, aquí y en todo el mundo.

El huracán de novedades no cesa jamás. Eso provoca que la vida de las obras sea cada vez más reducida. En esa corta vida, cada vez más breve, hay una ventana de tiempo ideal para la internacionalización. Resulta muchísimo más sencillo (partiendo de que nunca es sencillo exportar obra desde un mercado como el nuestro) vender los derechos de una obra durante el primer año de explotación en nuestro mercado que durante los restantes.

¿Por qué? Pues porque resulta más sencillo hablar de que las ventas están acompañando en el primer impulso que hacerlo cuando la obra está en catálogo desde hace un lustro.

¿Hay obras que se venden durante toda la duración de un contrato? Sí, claro que las hay, y esas van a poder internacionalizarse igual de «fácil» en su primer año de contrato que en el séptimo. ¿Cuántas son? Pues… la cifra es similar a hablar sobre cuántos niños de 13 años están jugando ahora mismo en España a algún deporte federado y cuántos de esos niños acaban dedicando su vida profesional a ese deporte.

Por otro lado, en mi propia experiencia, cuando una editorial considera que una propuesta puede ser vendida a otros países suele ofrecer adelantos más altos porque tiene una vía más para recuperar la inversión.

Esta condición de la convocatoria también limita esa vía, es decir, se está diciendo «queremos ayudar a fortalecer la industria» y, al mismo tiempo, se está limitando una vía clara para esa industrialización durante un período de tiempo que puede parecer corto pero no lo es.

Preguntemos a las editoriales. Que enseñen los catálogos que llevan a ferias y eventos internacionales. ¿Cuántas de las obras que llevan para ofrecer son del último año? ¿Cuántas de hace dos, de hace tres, de hace cuatro?

¿Es imposible que vendan en 2032 una obra publicada a finales de 2027? No, claro, imposible is nothing. ¿Es más difícil? Sí, sin duda, por simple funcionamiento del mercado.

Creo que el problema de fondo en todo esto es pensar que las autoras preferimos publicar directamente en otros mercados porque nos va a ir mejor allí que aquí.

Puede ser.

Conozco a muchas autoras que me lo han expresado así desde que yo empecé a hacer tebeos. Y hay razones de peso para que piensen eso.

Se quiere retener talento. Es lícito, es lógico y, si me preguntas a mí, es deseable.

Pero cuidado, no se puede hacer desde la limitación de derechos tan básicos como decidir qué hago con mis obras. La propiedad intelectual de mis obras es mía y de nadie más. Soy yo quien decide ceder la explotación por un período determinado a unos u otros.

Si tenemos autoras que prefieren hacer esa cesión primero en el extranjero deberíamos preguntarnos por qué. Y si se detecta que tiene que ver con cómo funciona el sector en nuestro país, es evidente que se debería actuar en consecuencia.

Pero ¿hay que hacerlo desde las ayudas a la creación? ¿Hay que ayudar a las empresas del sector del cómic en España a través de condicionar a los creadores y frenando su proyección internacional?

A mí me parece claro que no. Y con eso no estoy diciendo que las ayudas sean un horror. Al revés, las ayudas siguen siendo maravillosas por lo principal de todo: van dos millones de euros seguidos directos al bolsillo de las creadoras. Eso sigue siendo histórico y un motivo de alegría.

Pero hay que estudiar bien lo que se modifica en cada convocatoria y la repercusión a medio y corto plazo para el foco fundamental de las ayudas: la creación. No le pongamos cortapisas y, si se quiere ayudar a la industria, genial, eso es bueno para todos, pero hay mil formas de hacerlo que no pasen por limitar a nadie.