Cuando terminé la secundaria me matriculé en una escuela privada de imagen y sonido. Durante aquellos años hubo una pregunta que escuché unas cuantas veces:
Pero ahí, ¿se aprende algo o te regalan el título porque lo pagas?
Han pasado décadas y la pregunta sigue apareciendo. Algún amigo me escribe porque su hija, su sobrino o alguien cercano se está planteando estudiar en aquella escuela y quiere saber si merece la pena.
Mi respuesta siempre es la misma: si quieres aprender, aprendes. Es más, si quieres aprender, puedes aprender muchísimo.
Ya si nos vamos a los tebeos, esto no significa que una escuela convierta a cualquiera en profesional por el sencillo procedimiento de pagar una matrícula y calentar una silla durante unos años.
Tampoco significa que sea imposible aprender a hacer cómics por tu cuenta. Hay autoras autodidactas con un dominio técnico que ya querría para sí buena parte de la gente que ha pasado por una escuela.
La diferencia está en otra parte.
Ganas tiempo
Puedes aprender anatomía dibujando durante años, comparando tus resultados, buscando tutoriales, estudiando el trabajo de otras autoras y tratando de descubrir por qué esa maldita rodilla siempre parece estar colocada del revés.
Puedes aprender a escribir guiones leyendo manuales, escuchando podcasts, haciendo cursos y terminando una historia detrás de otra hasta entender por qué algunas escenas funcionan y otras se arrastran por el suelo mientras suplican que alguien les dispare y terminen de una vez con su sufrimiento.
Puedes hacerlo. De hecho, aunque estudies en una escuela, deberías hacer buena parte de todo eso.
La ventaja es que allí no estarás sola.
Estudié guion en una escuela profesional y comprendí mucho antes algunos aspectos técnicos que hubiese tardado muchísimo más en comprender por mi cuenta. No porque mis profesores conociesen un secreto ancestral al que solo se puede acceder mediante el pago de una mensualidad, sino porque había gente preparada para detectar mis errores, explicarme qué estaba ocurriendo y acompañarme mientras buscaba una solución.
Ese acompañamiento acorta el camino.
Cuando aprendes sola puedes pasar meses repitiendo un error sin saber que lo estás cometiendo. Puede que notes que algo falla, pero no sepas ponerle nombre. Tener delante a alguien capaz de señalar el problema no hace que desaparezca. Tendrás que reescribir, dibujar otra página o volver a plantear la escena. La diferencia es que sabrás hacia dónde estás caminando.
También dispones de algo que muchas veces se infravalora: compañeras dispuestas a leer tu trabajo y darte una opinión honesta.
En guion hay una práctica fundamental para comprender el ritmo interno de una escena, su tono o la construcción de los diálogos: leer en alto. Puedes hacerlo sola en tu habitación, claro. Yo lo he hecho y es una manera estupenda de sentirte como un señor que ha perdido la cabeza y mantiene conversaciones consigo mismo.
Sin embargo, leer un guion en un aula, repartir los personajes entre varias compañeras y escuchar cómo otra persona pronuncia tus diálogos permite detectar cosas que no aparecen sobre el papel. Las frases que no suenan bien o no tienen cuerpo. Los personajes que hablan igual. Las réplicas que llegan tarde. Las bromas que no tienen ninguna gracia aunque tú llevases tres días felicitándote por ellas.
No es que una escuela vaya a evitar que cometas errores. Vas a cometerlos. Una barbaridad, además. Lo que puede hacer es ayudarte a descubrirlos antes.
Generas comunidad
Nos han repetido tantas veces que hacer cómics es una profesión solitaria que hemos terminado aceptándolo como si fuese una condición inevitable del medio.
Es cierto que pasamos muchas horas a solas. Escribir un guion, dibujar una página o aplicar color son trabajos que exigen sentarse delante de una pantalla o de una mesa y permanecer ahí durante una cantidad de tiempo poco recomendable para cualquier columna vertebral.
Pero cada vez estoy más convencida de que esta profesión se transita mil veces mejor con amigas y compañeras.
No solo porque compartimos intereses y podemos pasarnos una tarde hablando sobre si una viñeta necesita un plano más abierto. Tratar de ganarse la vida dentro de una profesión artística implica convivir con la incertidumbre, los rechazos, los proyectos que se caen, los pagos que se retrasan, las comparaciones constantes y esa extraña sensación de que todas las demás personas saben qué están haciendo menos tú.
Tener cerca una red de apoyo y cuidados formada por gente que comprende esa realidad no soluciona todos los problemas. Ayuda a que no tengas que atravesarlos sola.
Una escuela es un lugar de encuentro. Allí puedes conocer a la dibujante con la que terminarás levantando un proyecto, a la amiga que leerá tus guiones durante años o a la compañera que te avisará de una convocatoria. También conocerás a personas con las que no querrás volver a coincidir jamás, porque esto sigue siendo una escuela y tampoco vamos a vender una fantasía.
Aun así, lo veo todos los días: algunas de las relaciones que comienzan dentro de un aula continúan mucho después de que terminen las clases. Hay alumnas que encuentran allí amigas para toda la vida.
Eso también forma parte del aprendizaje.
Quienes te enseñan hacen cómics
Una de las principales diferencias entre una escuela profesional y otros espacios de formación es que las profesoras se dedican a aquello que enseñan.
No se han limitado a estudiar un temario para repetirlo después. Escriben, dibujan, entintan, colorean o rotulan cómics. Sus resultados se pueden poner encima de la mesa. Compaginan las clases con entregas editoriales, presentaciones, festivales, colaboraciones en podcasts y medios de comunicación. Conocen el sector porque forman parte de él.
Esto permite que las clases se mantengan conectadas con la realidad del oficio. Una profesora puede explicar cómo se prepara un dossier porque ha enviado unos cuantos. Puede hablar de la relación con una editorial porque ha trabajado con ellas. Puede advertirte sobre determinadas cláusulas de un contrato porque también ha tenido que leerlas, negociarlas o sufrirlas.
¿Eso garantiza que sea una buena profesora?
No.
Se puede tener una trayectoria artística indiscutible y ser una docente nefasta. Yo tuve un profesor de fotografía laureado con decenas de premios internacionales que no solo no me enseñó demasiado, sino que además nos obligó a montar un jaleo terrible para conseguir que lo echasen por mantener ciertas actitudes… cuestionables.
Y vamos a dejarlo ahí, que no me quiero calentar.
¿Cómo puedes saber si una escuela cuenta con buenas profesoras además de buenas profesionales? Ojalá existiese una respuesta exacta. No la hay. Puedes consultar los programas, buscar referencias, acudir a jornadas de puertas abiertas y hablar con antiguas alumnas, pero siempre existirá un margen de incertidumbre.
Hay una pista que me parece valiosa: observa qué relación mantiene la gente con la escuela después de marcharse.
No me refiero solo a cuántas alumnas publican o alcanzan eso que solemos llamar «éxito». Me interesa si hablan de su paso por las aulas, si mencionan la escuela en sus biografías, si continúan colaborando con ella y si sienten que ese lugar forma parte de su recorrido.
Cuando una antigua alumna no intenta borrar de su vida los años que pasó en una escuela, algo se ha hecho bien.
Aprendes a hacer cómics y a comprender el ecosistema
El conocimiento que se obtiene en una escuela profesional no debería limitarse a la parte técnica y artística.
Aprender a hacer cómics también implica comprender el lugar en el que esos cómics van a existir.
Conviene saber cómo funciona una editorial, qué papel cumple una distribuidora, cómo trabaja una imprenta o de dónde sale el dinero con el que una librería paga sus facturas. Conviene entender qué contiene un contrato, cómo se prepara un dossier, qué espera recibir una editora y por qué los mercados francés, estadounidense, italiano o japonés funcionan de formas distintas.
Puedes hacer tebeos para otros países sin salir de tu casa. Eso no significa que resulte fácil. Significa que el campo de juego es mucho más grande y que necesitas conocer sus reglas.
Cuando empecé en esto de los tebeos cometí una cantidad espectacular de errores porque no tenía ni idea de por dónde empezar. Tampoco estaba dentro de ningún círculo relacionado con el cómic. No conocía a autoras, editoras o libreras. No sabía a quién preguntar, no sabía siquiera qué cosas debía preguntar.
Tener toda esa información me habría ahorrado muchísimos disgustos.
Pero muchísimos.
En serio, no te imaginas cuántos.
¿Por qué escoger O Garaxe Hermético como escuela profesional de cómic?
Porque yo doy clase allí.
Fin.
Bueno, a ver, no solo por eso, aunque entiendo que es un argumento de un peso incuestionable.
En 2027 O Garaxe Hermético cumplirá quince años. Se dice pronto, pero intenta levantar una escuela profesional de cómic desde cero, mantenerla durante todo ese tiempo y luego me cuentas.
Por sus aulas ha pasado una enorme cantidad de alumnas. Cada vez son más las que consiguen entrar en el mundo profesional del cómic y la ilustración. No conozco la cifra exacta de publicaciones realizadas por alumnas y exalumnas desde que abrió la escuela, pero sé que se acerca al centenar. Eso supone una media aproximada de seis títulos por año.
La cifra importa. Demuestra que existe un recorrido y que la formación puede dar resultados.
Ahora bien, tampoco quiero vender una imagen de éxito total ni prometer que cualquier persona que se matricule saldrá de allí con un contrato para dibujar Spiderman.
No nos flipemos.
Durante los últimos cinco años se ha disparado el número de cómics y libros ilustrados publicados por alumnas y exalumnas de la escuela. Sin embargo, el mérito principal sigue siendo suyo. Una escuela puede ofrecerte herramientas, acompañamiento, contactos, tiempo y un espacio en el que desarrollar tu trabajo. No puede obligarte a sentir pasión por lo que haces ni trabajar en tu lugar.
Por eso sigo respondiendo lo mismo que cuando me preguntan por aquella escuela de imagen y sonido: si quieres aprender, aprendes. Y no es una cuestión de convertirse en alumna modelo, sentarse en primera fila o levantar la mano en todas las clases. Tiene mucho más que ver con la curiosidad, el esfuerzo y la capacidad de apasionarse con todo esto.
Escoger el espacio adecuado también importa.
En O Garaxe Hermético hay el espacio que hay. Existe una limitación física bastante clara: no caben veinte alumnas dentro de cada aula. Esto, que podría parecer una desventaja, permite algo que considero esencial: ofrecer un acompañamiento personalizado.
Nos preocupamos por cada proceso. Intentamos comprender cuál es la voz autoral de una alumna y buscamos la manera de ayudarla a que la desarrolle.
Esto no va de que escribas como escribo yo. Tampoco de que hagas tebeos como los hacen Kiko da Silva, Miguel Porto, Fernando Iglesias, Zaida Novoa, Fon o Miguelanxo Prado.
Una escuela no debería fabricar pequeñas copias de sus profesoras.
Nuestra tarea consiste en aconsejarte, enseñarte herramientas y corregir aquellos problemas técnicos que impiden que una historia funcione. La búsqueda artística es tuya. La voz es tuya. El camino también.
Nosotras podemos ayudarte a recorrerlo un poco más deprisa y, sobre todo, a que no tengas que hacerlo sola.
En el mes de septiembre arrancamos de nuevo. Si estás buscando un sitio en el que formarte echa un vistazo en la página web de la escuela. La formación profesional tiene una duración de tres años en la parte de cómic y de dos años en la de ilustración y escritura creativa.
Además, este curso arrancamos con una novedad: el laboratorio de guion. Un taller intensivo de 16 semanas dedicado a escribir un guion completo de principio a fin. Tanto si no sabes por dónde empezar como si lo que quieres es dar forma a una historia que se te resiste, el objetivo es que te lleves un borrador completo y, a poder ser, ya revisado.
Empezará a principios de 2027.
Puedes apuntarte o pedir más info en ogaraxehermetico@gmail.com.

