Si te asomas a las redes de los tebeos, especialmente las youtuberas y las de dar la turra, verás que vivimos casi siempre en el ciclo infinito de las polémicas.
Últimamente me han llamado la atención la de las copias de prensa, el debate ese de si se debe o no se debe decir que un tebeo no te gusta o aquella de los eventos multimillonarios que cobran entradas a 85 lereles. ¿8’5? No, no, 85. Como un juego de Nintendo, pero el evento te dura muchísimas horas menos y encima te cobran para que dentro compres algo.
Viendo el panorama se podría pensar que todo sigue siendo así porque todavía no nos hemos quitado el pesado manto de la cutrez bajo el que vive el sector. Y… a ver… no, no nos lo hemos quitado del todo, pero sí que se podría decir que hemos conseguido hacerle dos o tres agujeros por los que ha ido entrando algo de luz.
¿No te estarás flipando? ¿No será que has bebido demasiado Trina de piña y tienes un subidón de azúcar? Ni confirmo, ni desmiento, pero más allá de que las analíticas me condenen, diré que estoy convencido de que hay cosas que van bien o incluso muy bien.
El Colectivo de Autoras es una de ellas. Sé que alguno pensará que les hago la pelota porque patatas. Mira, que camelen como camelan. Ni tengo necesidad ni me va en ello interés alguno, pero cuando veo un colectivo funcionando, ofreciendo ayuda, soporte y red, qué quieres que te diga, aplaudo con las orejas. Si eso te jode, Manuel, me alegra. Ojalá cien colectivos más como ese.
También hay una parte institucional que está funcionando muy bien. Más allá de lo cosmético que pueda parecer lo de la Dirección General del Cómic o lo del Día del Cómic, lo cierto es que ahí está. Como están las ayudas o como están los programas de visitas a institutos o los encuentros en librerías en los que te puedes anotar. Me sorprende que haya tanta gente que no los conozca o que no sepa que están abiertos a autoras de tebeos.
En los últimos años he asistido gracias a ese programa a varios centros escolares y a una librería. Viaje cubierto, estancia cubierta y en torno a 400 lereles por sesión. Te lo dan todo hecho desde el ministerio y tú vas allí, sueltas tu turra y encima vendes unos cuantos libros.
Pero, ojo, también están las subvenciones. Que sí, que las puedes criticar, que son terribles porque no son como tú quieres y que son otro chiringuito más para que los wokeprogres chupemos del bote.
Exacto.
Ya ves lo que te pierdes por papanatas.
Y eso no es todo. Yo sé que leerse el Plan de Fomento de la Lectura 2026 – 2030 no es algo súper mainstream. Es muchísimo mejor leer otras cosas. Pero hay algo que afecta muy de cerca al sector de los tebeos. Existen.
¿Cómo que existen? Eso ya lo sabemos.
Los tebeos existen con medidas específicas dentro del plan de fomento de la lectura aprobado para los próximos cuatro años. Es la primera vez que tal cosa ocurre.
Hasta ahora el tebeo había aparecido por ahí, de refilón, y en la época del ministro Iceta hasta entró en alguna de esas relucientes mesas de trabajo. Esta vez es diferente. Hay medidas específicas destinadas a fortalecer el sector. Se habla de refuerzo de las comictecas, de un programa de residencias para autoras o de impulsar la internacionalización de nuestras obras.
No sé si se entiende bien la importancia de esto. No es una promesa electoral. No es algo que se diga por decir, es un plan elaborado con un presupuesto asignado de 82’7 millones y eso es un incremento de un 25 por ciento anual. Y en ese mastodonte está el cómic.
El cómic también está cada vez más en la radio, en la prensa y hasta en la tele. Por supuesto en Youtube, en los blogs y en miles de podcasts apasionados y apasionantes. Sé que es terriblemente parcial decir esto, pero no me importa: lo de Territorio 9 no solo es espectacular, es un milagro. No sabemos la suerte que tenemos como sector de tener un programa diario de lunes a viernes para hablar de tebeos en la radio pública.
Lo mismo se puede decir de las universidades. De las cátedras, de los estudios, los artículos, las tesis, las publicaciones y todo el valor que aporta lo académico a los tebeos. Hay cientos de personas en España estudiando los tebeos y, sobre todo, utilizándolos para estudiar el universo entero.
Nuestros tebeos y nuestras autoras no son buenos: son los mejores del mundo. Y no me pongo ni colorao. Insisto: los mejores del mundo. Mírate las listas de eisners, harveys, ringos, angulemes y demás. Somos como Rafa Nadal o Marc Márquez, pero sin ser gilipollas.
Pero déjate de mirar listas, hay algo mil veces más efectivo: bájate a la librería, coge nuestros tebeos y FLIPA, nene, FLIPA.
Es que son muy caros. Sí, eso está regular, pero ¿sabes qué? Tremenda biblioteca pública con catálogo de cómic masivo a menos de dos kilómetros de tu casa.
Biblioteca.
Pública.
Puedes llevártelo a casa. Puedes leerlo allí, puedes sacarlo, llevártelo al parque, leerlo seis veces y devolverlo. No te has gastado un pavo. No te han obligado a consumir, has pasado un rato la mar de a gusto, has cumplido tu cuota diaria de cultura de primer nivel y te has vuelto irremediablemente más sexy.
Y gratis.
Y bueno, las librerías de tebeos… yo es que ya no sé… no me salen ni las palabras. Templos, refugios, las pirámides de Egipto, la torre de Pisa, la torre Eiffel y Torrespaña todo en uno. Monumentos al saber hacer. Libreros y libreras que tienen el cielo ganao y que pueden dar una masterclass sobre temas tan dispares como empaquetado y desempaquetado de cajas de cartón o saber recomendarte un tebeo a ti, Enriqueta, que el último que leíste era del Capitán Trueno.
Quizá pienses que iba a omitir a los editores. Que no hay nada bueno que decir de seres tan ambiciosos y acostumbrados a hacerlo todo mal.
…
Si de verdad piensas, aunque sea de rebote, que eso es así, yo qué sé… estudia o algo. Tampoco voy a decir que el mercado español esté plagado de editores maravillosos y libre de elementos criticables.
Hay peña con la cara tan dura que podrían rajar diamantes con la nariz. No me quiero calentar, pero hay alguno que no es que sea sinvergüenza, es que además piensa que todas las demás somos gilipollas.
Eso no quita que haya editoras espectaculares, que reman a favor de obra y que tienen la habilidad de sacar oro de donde no hay. Que acompañan, que aconsejan y que cuidan.
También hay eventos que son casa. Que saben hacer hogar. Que cuando llegas están pendientes y ahí se quedan hasta que te vas. Pero sobre todo son lugares de encuentro, de verte con Pepi y con Arturo y contarles que lo estás flipando con los tebeos que se hacen ahora.
Y esto ya lo he dicho tantas veces que repite más que el alioli de mi yayo (era muy bruto y le metía seis ajos por huevo): en los tebeos haces amigos.
Ya, ya, muy cursi y tal… Tú mismo, rey.
Por eso estoy cansado de mensajes siempre derrotistas. Es evidente que se puede criticar, incluso con dureza. Yo lo hago. Joder, lo hago mucho.
Pero también se puede levantar la cabeza y mirar alrededor de vez en cuando y exclamar: hay cosas que van bien. Van mejor que antes o simplemente existen.
No es euforia. No es aplaudir por aplaudir, es ser capaz de ver la parte buena, incluso de aquello que va regular.
Sí, sí, muy bien, pero ¿por qué?
Porque te lo mereces. Se lo merecen. Nos lo merecemos.
Por ti.
Por mí.
Y por todos mis compañeros.
