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El sello

Seguro que ya los has visto más de una vez: abres un tebeo, llegas hasta la hoja de créditos y ahí está, impasible, mirándote: el sello.

Dice que el libro está libre de IA. Puede que le dé una vuelta y diga que el libro está hecho cien por cien con inteligencia humana. Ya sabes a qué me refiero.

Y yo no puedo dejar de pensar que hemos perdido la batalla.

Estamos certificando la inocencia. Estamos aclarando, antes siquiera de empezar el tebeo, que nosotros sí que hacemos las cosas bien.

Soy consciente de que mucha gente defiende este gesto como una forma de protesta, de rebelión contra la máquina o incluso de defensa de lo humano por delante del terrible futuro que viene a devorarnos. Entiendo el gesto, claro que lo entiendo, es súper humano, pero me temo que se equivoca en lo más profundo.

Si has estado pendiente de las noticias relacionadas con las IAS generativas en las últimas semanas, ya sabrás que estamos llegando al pico de las predicciones apocalípticas.

«Unos cuantos agentes de IA confabularon en secreto para engañar a los humanos» dicen por un lado, «hay un diez por ciento de posibilidades de que la IA nos mate antes de 2030» dicen por el otro…

Pero, eh, este cómic hecho por un señor que lleva haciendo cómics desde hace dos décadas resulta que está hecho por ese señor.

Gracias. Supongo.

Me temo que estamos perdiendo el foco. Nos dicen que la IA (así, en general) nos va a exterminar y al mismo tiempo llevamos ya un par de años en una caza de brujas en la que señalamos a cualquier pobre desgraciao que utiliza chatgpt para hacer un dibujo de mierda o a cualquier ayuntamiento que maqueta un flyer con Claude.

¿Son un problema? Lo son. ¿Sirve de algo que en todos y cada uno de los casos en los que veamos que alguien utiliza la IA señalemos y digamos: «al ladrón, al ladrón. Sinvergüenza. Ladrón. Sinvergüenza. Ojalá tus hijos sepan cuán despreciable eres»? Me temo que de poco o muy poco.

Me tiro el triple: esto me recuerda a cuando intentan una y otra vez hacer que te sientas culpable si no separas bien las latas, los bricks y las botellas cuando el impacto real de que tú recicles es ridículo y, al mismo tiempo, nadie mueve un dedo por prohibir cualquier vuelo en avión de menos de 1000 kilómetros para trayectos en los que existe alternativa ferroviaria.

La IA no es una amenaza. La IA no va a quitarte el trabajo. La IA no está acabando con las traductoras, ni con las diseñadoras gráficas, ni con las ilustradoras.

Eso no puede ser porque, al menos de momento, la IA no toma ninguna de esas decisiones. La toman las empresas. Empresas que están controladas por un puñadito de milmillonarios despreciables. Milmillonarios despreciables que tienen comiendo en sus manitos a estados y gobiernos de todo el mundo occidental.

Pero eh, hay un tío llamado José Luis que ha ganao un concurso haciendo un Goku con ChatGPT. ¡Menudo escandalazo, José Luis, ¿cómo se te ocurre?!

Y sí, sé que suena exagerado. No puede sonar de otra forma porque lo es, pero en el fondo algo resuena, ¿no?

En Europa llevamos años hablando de regulación, protocolos, códigos de buenas maneras, barreras, control y muchas cosas más. Entonces arrancan los trámites, las reuniones, los debates… Aparecen los lobbys prometiendo millones de euros en inversión, proyectos carísimos de centros de datos o nace la sede de Anthropic en España con palabras bonitas que suenan a futuro. El efecto es que toda esa supuesta regulación acaba descafeinada y, aun siendo tremendamente permisiva, actores tan potentes como Meta se atreven a decir que no van a cumplir el código de buenas prácticas ni ahora ni en el futuro.

Meta, sí. Los de pagar dieciséis mil millones por haberle generado adicción a niñas y adolescentes.

APOCALIPSIS (EL MUTANTE NO, EL OTRO)

Hace unos días salió un señor a decir que Skynet ya está entre nosotros y en cuestión de tres años hay bastantes posibilidades de que te mate. Sí, a ti. Algo habrás hecho.

Lo preocupante no es eso. No es la primera vez que alguien dice que el mundo se va a acabar por algo. Qué demonios. Una de las cosas por las que se hizo famoso Iker Jiménez fue por estudiar temas tan cruciales como las profecías de Nostradamus, las de Baba Yaga, las del Calendario Maya o las de Perrosanxe.

Que vengan a alertarnos de cosas terribles ya es nuestro día a día. Vivo en una ciudad en la que a mediados de agosto nos dieron la noticia espantosa de que entrábamos en estado de, ojo, prealerta por sequía. ¿Alerta? No, PREalerta, porque estábamos a punto de bajar de unas reservas del 60 por ciento y solo nos quedaría agua para seis meses.

A mediados de agosto. Solo para seis meses. Seis meses que, si no me fallan las cuentas, son: septiembre, octubre, noviembre, diciembre, enero y febrero. Otoño e invierno. Vigo. Rías Baixas. Galicia. Ojalá cayese alguna solución del cielo pronto, es una situación desesperada.

Imagino que se pilla el punto.

El caso es que con los de las IAS salieron los grandes gerifaltes a decir que había que bajar el ritmo, que tenían que ponerse de acuerdo entre ellos para echar un poco el freno y hacer una IA buena, buena de verdad y requetesegura «te juro que no te mata».

Qué quieres que te diga, a mí se me levanta una ceja y exclamo: ajá. La gente conocida internacionalmente como «esa peña chunga con muchísimo dinero y con la ambición suficiente como para volver adictos a niños sabiendo perfectamente que estaban volviendo adictos a niños» nos están pidiendo a todas que confiemos. Saben que hay algún problemilla y tal, pero tranquis, take it easy, solo necesitan comprensión, tu apoyo, tu cariño y la inversión de miles de millones de estados de todo el mundo occidental para controlar la situación.

Y para joder a los chinos, claro.

Después de tooooodo este rodeo inmenso, creo que el punto es bastante obvio: la presión no es hacia dentro porque es del todo irrelevante. ¿Que tu prima Mari Carmen ha pasado por el aro de «cómo te verías en los 80»? Pues yo qué sé. Pobrecica.

Si en nuestra pequeñísima e insignificante parte del mundo queremos hacer algo, de poco puede servir que nos señalemos unas a otras, que hagamos cazas de brujas o que empecemos a pasarlo todo por supuestos detectores de IA que fallan más que Shaquille O’Neal desde el tiro libre.

Hay que llevar la presión al legislador y apretar. Pero para eso primero hay que convencer al mundo empresarial de que haga fuerza en ese sentido. Poner un sello de «creado con Inteligencia Humana» queda genial para la foto, pero la eficacia real de algo así es… bueno… cuestionable.

¿No debería haber un sello en sentido contrario? ¿No se debería obligar a las empresas a mostrar de forma evidente y en portada si la IA ha formado parte de alguno de los procesos?

¡Hala, ya saltó el loco! ¡Obligar, obligar, los rojos solo queréis obligar! ¡Para eso habría que hacer una cosa loquísima: regular la utilización de las IA en el sistema editorial!

Buah, loquísimo.

Impensable.

Fíjate cómo será la movida de rara que, incluso con los propios dueños de las IAS diciendo que: «bueno, sí, sí que nos puede matar, jaja, pero tranquis» se sigue a vueltas con «el uso ético», «las buenas prácticas» o «las herramientas del futuro».

Si te enganchas a la heroína hay bastantes posibilidades de que te mate. A no ser que hagas un uso ético de la heroína.

Si entregas revólveres cargados con seis balas en todos los institutos hay bastantes posibilidades de que los adolescentes se disparen. A no ser que pongas en el tablón de anuncios un código de buenas prácticas.

Pero regular la IA que te va a matar es complejísimo. Y cada vez más porque te la han metido en diez mil millones de cosas que tú no querías, que no necesitabas y que nadie te pidió si querías que la metiesen. La tienes en todo tu software, en el correo, en el navegador, en el reloj, en la nevera, en la tostadora, en el chat de la web de tu abogada, en la puta renfe, en la consola, en las bragas y en el desodorante.

Años con la matraca: hay que regular, gente, que luego se nos pasa el arroz. Naaaaah, de chill. Mira que luego lo mismo nos monta un follón. Traaaaaaaanqui, joder, no te agobies, pon este sello en el libro, ya verás que se te pasa la ansiedad…

Pero nada, no hagamos nada, si total solo nos va a matar a todos.

Algo habremos hecho.

Y, si no nos mata es peor porque ¿sabéis a quién nos contarán que se lo tenemos que agradecer?

Sí. A ellos.

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