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Lo dejamos pasar y luego pasa…

Hagamos un poco de memoria. Solo un poco, ni siquiera necesitamos irnos muy atrás.

Abril de 2025. Desde la dirección general del libro, el cómic y la lectura, se filtra una versión ya casi final de la convocatoria de las ayudas a la creación de cómic. Cae en manos de un editor y, en cuestión de horas, no hay grupo comiquero en el que no haya una copia.

Ese mismo día por la tarde, un periódico de línea ultraderechista monta un reportaje con un pobre hombre que dice que el feminismo ha ido demasiado lejos.

La caverna comiquera utiliza ese reportaje para empezar a armar una narrativa muy concreta: las ayudas van a estar amañadas a favor de las mujeres.

En sus foros, que los hay y están llenos, se fragua el mantra.

En los otros foros, bueno… se insiste en aquello de no entrar en polémicas, de no alimentar el odio, de no hacerles caso y blablabla. Lo dejamos pasar porque «son los de siempre actuando como siempre».

Mayo – junio de 2025. Sale el listado provisional de títulos propuestos para recibir la subvención. Ni siquiera el definitivo, era el provisional.

Hecatombe.

Infierno.

Llamas.

Más infierno.

Se vuelve a hablar de chiringuitos feministas yendo demasiado lejos. Salen autores diciendo que el sistema es completamente injusto. Autores que, por supuesto, olvidan que la situación de partida es una brecha de género muy amplia y que forma parte de la explicación que acompaña a la convocatoria desde el primer momento.

Se niega que exista la brecha.

Se hace cherry picking jugando a «¿cómo se va a favorecer a Mengana si ya es buenísima, no debería favorecérseme a mí que no soy tan bueno como ella?».

Determinados divulgadores salen en sus podcasts y canales de youtube a decir que no entienden que una política de ayudas públicas trate de paliar la brecha de género en el sector para el que convocan la subvención.

Otros divulgadores empiezan a jugar al What If para explicarnos con muchos datos por qué tratar de paliar la brecha de genero mediante ayudas públicas está mal.

El discurso que empezó en la caverna sale de ella a modo de «a ver si es que no vamos a poder debatir de todo. Hay cosas de las que hay que hablar, no creo que por comentarlas pase nada».

Lo dejamos pasar. Otra vez. Ya sabes, no vale la pena discutir.

Septiembre – diciembre de 2025. Tras varios ajustes en la lista provisional se publica la lista definitiva. Por el camino, con cada cambio de nombres, se agitan varios fantasmas.

Se dice que hubo autoras señalando a otras autoras para que se las echase de la lista y así entrar ellas. Nadie demuestra nada, solo son rumores y… lo de siempre: difama que algo queda.

En los meses que van entre la lista provisional y la definitiva se hizo señalamiento muy concreto de algún nombre. Curiosamente de una mujer. Que si no es autora de cómic (algo que la convocatoria no exige en ningún sitio), que si, una vez más, chiringuitos feministas yendo demasiado lejos…

A partir de la lista definitiva, en el programa de youtube de un divulgador se dice literalmente: «es que no te pueden dar la ayuda por tener tetas». El resto de invitados y participantes, todos hombres, ni le afean el comentario ni le dicen nada en absoluto.

En ocho meses se construye el relato: la convocatoria era feminista y, por tanto, ha perjudicado a autores varones que, siendo buenísimos en su trabajo, se han quedado fuera por culpa de que la dirección general, la subdirección general y todo el ministerio son… sí… ya te lo imaginas… un chiringuito feminista.

Marzo de 2026. El ruido no fue suficiente. Para algunos nunca lo es. La víspera del Día del cómic sale un artículo en el ABC que juega al totum revolutum.

Hay una intención clara por parte del «periodista»: señalar a la Dirección general del libro y decir que ha actuado mal en favor de determinadas mujeres.

Allí se habla de una denuncia presentada en el ministerio que alerta de cosas terribles y malvadas: acudir a eventos a trabajar, ser participante de jurados o, siendo dibujante, recibir de cuando en vez algún encargo esporádico para dibujar algo.

Una locura total, ¿dónde vamos a llegar?

A pesar de que el artículo es un sinsentido y está marcado por un sesgo sonrojante, cumple su cometido: reaprovechar el ruido formado en los meses anteriores y darle una dirección muy clara: pedir la cabeza de la directora general y, de paso, salpicar a autoras concretas.

¿Quién está detrás y por qué se aprieta el acelerador en ese momento? No tengo ni idea, pero después de haber estado un tiempo trabajando en la redacción de una televisión, algo entiendo sobre fabricar noticias. Siempre hay motivos para ello.

El artículo cumple en parte su objetivo principal: agitar y avivar el «debate».

A pesar de la torpeza manifiesta del redactor. A pesar incluso de las majaderías del contenido, empiezan a salir los de «qué sorpresa…», «no se podía saber…», «esto hay que investigarlo».

Lo dejamos pasar.

Una vez más.

En la caverna se frotan las manos. Saben que falta un pequeño empujoncito. Solo un pequeño empujoncito más.

Y encima, en el país más aferrado al refranero del mundo, se opta por callar.

Finales de abril de 2026. Se cierra el círculo un año después. El mismo periódico y el mismo «periodista» (por no llamarle escuadrista directamente) lanza un «escándalo» que pretende confirmar lo que había augurado: todo eso de las ayudas es un chanchullo para favorecer a unas cuantas amigas.

Decide apuntar a varias compañeras, a un miembro del comité de selección, a la dirección general, a dos colectivos de autoras, a la sectorial del cómic y al toro que mató a Paquirri.

Dicen que toda esa gente amañó la convocatoria con la clara intención de favorecer a las feministas y perjudicar a todos los demás.

Y por eso habría que anular todo el proceso y servir la cabeza de la directora general en bandeja. No se pide una lapidación porque hay que mantener las formas aunque sea solo un poco.

Pero ¿cuáles son los argumentos? Sé que va a sonar raro, pero… se dice que la directora general se reunió con representantes de colectivos de autores y, después resulta que algunas de esas personas se llevaron la ayuda.

Lo primero: es completamente falso que hayan existido esos contactos frecuentes de los que se habla en el panfleto ultraderechista.

Lo segundo: que una dirección general de cualquier ámbito mantenga reuniones con representación de los trabajadores, no solo es normal, es lo deseable. Si alguien quiere ver eso como algo malo que se lo haga mirar. Si alguien piensa que en esas reuniones hay compadreo, guiños y favores, que se lo haga mirar.

Lo tercero: imagínate que estuviésemos hablando de la industria del automóvil. La dirección general de la automoción se reúne con representantes de los fabricantes de coches. Hablan con ellos de que quieren fortalecer el sector en España y van a sacar unas ayudas y también van a participar en ferias internacionales promocionando el sector español para tratar de conseguir exportaciones. Para ello quiere montar delegaciones y llevar a representantes de los trabajadores. Así lo hacen y, tiempo después, salen las ayudas prometidas y resulta que los fabricantes de coches se llevan la ayuda destinada para fabricantes de coches porque… bueno… porque fabrican coches.

¿No sería absurdo empezar a decir «esto hay que investigarlo, es que no veis que le están dando ayudas a los fabricantes de coches POR FABRICAR COCHES»?

Sí, lo sería, porque siempre que nos lo llevamos a cualquier otro sector, pasa lo mismo: aflora el tremendo ridículo al que somos capaces de llegar en el tebeo español.

Gracias a Alan Moore yo no estoy ni en facebook, ni en tuiter, ni en bluesky, pero me han pasado capturas de las barbaridades que se están diciendo.

El ruido que se empezó a generar el año pasado dio sus frutos.

Lo fuimos dejando pasar y ahí está: una inmensa montaña de mierda que promete varias entregas, que señala a compañeras con nombres y apellidos a las que, sin comerlo ni beberlo, se las quiere involucrar en supuestos escándalos que no son más que patrañas y artificios construidos para reclamar la cabeza de una directora general vete tú a saber por qué.

Y mientras callamos, mientras lo dejamos pasar por enésima vez, la caverna crece. Crece porque se alimenta precisamente de esto y consigue atraer a mucha gente porque enseguida salen algunos a gritar «os lo dije» y no sale nadie a decir «no sabes de lo que hablas».

Yo la verdad es que estoy en shock. No entiendo que no esté saliendo un montón de gente a decir basta.

Trato de decirme que esto es exactamente el resultado que querían conseguir: plantar una semilla en la que se pueden mover los marcos discursivos hacia un «no hay brecha de género». Parecía loco pero lo consiguieron.

Gente a priori súper sensata compró aquello de «se tiene que poder hablar de todo» y ahí tenemos los resultados: un digital de ultraderecha lanzando tsunamis de mierda y haciendo que el ambiente se vuelva irrespirable.

Pero reflexionar sobre ello no me consuela, al revés, me parece muy preocupante porque estamos renunciando colectivamente a decir que ya está bien.

Ya está bien.

Basta.

En algún momento, alguien nos convenció de que era buena idea dejar campar a sus anchas y sin réplica determinados discursos.

No lo es. Mira a tu alrededor. Mira lo que está pasando en el mundo. Mira cómo todo ese odio, esa mierda, esas mentiras y esa forma repugnante de inventarse cosas se está metiendo también aquí.

Si lo dejas pasar, si miras a otro lado, si no te posicionas, si no dices nada, la caverna seguirá creciendo y todos sabemos cómo acaba eso.

Basta.

Ya está bien.