Me hago viejo. Viejísimo diría yo. Estoy a punto de completar 44 vueltas al sol y cada vez me cuesta más comprender la vida. Alguna podría pensar que a medida que vas sumando años y canas aumenta la comprensión del mundo, pero qué va, me temo que es al revés, pasa el tiempo y crecen las dudas y la incertidumbre.
Por ejemplo, ¿cómo es que apenas se ha hablado en el mundillo comiquero de un artículo del ABC que lleva por titular nada menos que (ojo ahí) «el cómic femenino llega dividido a su semana grande»?
¿En serio?
O sea: el cómic femenino. Dividido. Semana grande.
Un artículo firmado por el mismo periodista que el mismo día, unas horas más tarde, firmaba la pieza: Urtasun se autoproclama «ministro del cómic» y avanza más ayudas para las mujeres.
Urtasun.
Se autoproclama.
Ministro del cómic.
Y ayudará A LAS MUJERES.
Las dos noticias el mismo día. La víspera del día del cómic. En ambas se aplica el sesgo esperable de una cabecera como el ABC y se deja entrever un mensaje clarísimo y bastante manido: las mujeres se pelean entre ellas porque es lo que siempre hacen las mujeres y, de paso, el terrible feminismo no es más que un chiringuito al que se riega constantemente con dinero público.
Más allá de lo rocambolesco que resulta todo esto y de los intentos por hacer ver que es una pelea en el barro entre nombres concretos, creo que conviene señalar un par de aspectos anecdóticos que quizás sirvan para comprender por qué no tiene nada que ver con «el cómic femenino» (virgencita) ni con el «ministro del cómic» (santodiós). Toda esta hipérbole parece más bien una batalla personal.
Si se lee con detenimiento el primero de los artículos, se puede comprobar que se mencionan cinco nombres propios con apellidos y todo.
Cinco nombres propios.
Aparte de eso también se mencionan unas maravillosas y socorridas «fuentes del sector» que son estupendas porque podrían ser un librero de Valladolid, una lectora de Matalascañas, un divulgador de Jerez o, sí, podría ser yo mismo.
El caso es que de esas cinco personas mencionadas, el periodista solo ha conseguido entrecomillados de una de ellas. Entrecomillados que dicen cosas como: «defendemos que las entidades del sector deberían estar organizadas jurídicamente, tal vez habría que preguntarse por qué otros no lo hacen».
Ay, amiga.
Solo responde una persona. Y todo el artículo gira en torno a la legitimidad o no de recibir dinero público sin estar constituido jurídicamente como asociación.
Y yo, que a puntito estoy de completar 44 vueltas al sol y cada vez entiendo menos de la vida, tengo la sensación de que esto es una torpeza bastante considerable. ¿Por qué? porque quien dice esas palabras preside una asociación en la que confluyen a su vez un montón de asociaciones y colectivos.
Entre esos colectivos, según su página web, están el Colectivo de autores para el mercado franco-belga, el Colectivo de editoriales, el Colectivo de festivales de cómic o el Colectivo profesional de agentes de autores.
Y… bueno… todos esos colectivos, que no están «organizados jurídicamente» no solo forman parte de la asociación que preside la única persona con nombre y apellidos que interviene en el reportaje del ABC, resulta que también tienen miembros en su junta directiva.
Consejos vendo que para mí no tengo.
«Las entidades del sector deberían estar organizadas jurídicamente». Menos estas… estas concretamente, no, porque… bueno… porque estas son… estas.
«Tal vez había que preguntarse por qué otras no lo hacen».
Efectivamente. Habría que preguntárselo.
Y a partir de ahí, pues yo qué sé.
El periodista se dedica a lanzar acusaciones más o menos veladas en torno a un documento al que dice haber tenido acceso pero sin mencionar quién firma ese documento.
Un documento malo malísimo y claro clarísimo que dice que hay mujeres demoníacas que han utilizado el dinero público de maneras terribles y se han impulsado con el trampolín del feminismo para enriquecerse a tu costa.
Juraría que todo esto ya lo había escuchado alguna vez, pero perdonadme que tenga alguna duda, la edad no perdona.
Eso sí, en un momento se dice que uno de los pecados cometidos es haber sido jurado de premios nacionales hasta tres veces.
Qué curioso.
Si te paras a mirar la composición de los premios nacionales de cómic de la última década, resulta que la única persona que repite tres veces forma parte de cierta junta directiva…
¿Y sabes lo mejor? Que no entiendo que nadie utilice eso como argumento para tratar de echarle kilos de mierda encima a alguien.
Ya lo he repetido unas cuantas veces, cuando se trata de dinero público no se trata de si nos parece mucho o poco o de si una persona o una organización recibe más o menos. El tema es cómo se gestiona, quién emite las facturas y, sobre todo, si las cantidades de esas facturas son acordes al trabajo realizado o al servicio prestado.
Todo lo demás son batallas dirigidas que tratan de desacreditar a unos y otros y que juegan al señalamiento, pero ocultan un tema de fondo bastante más prosaico: los dineros públicos, quién los recibe, quién actúa de filtro y quién decide qué facturas se pagan.
El ABC te dirá que esto es un tema de los chiringuitos feministas.
Claro. Es el ABC. Lo raro sería otra cosa.
Pero me temo que no.
Fuentes del sector me aseguran que no es así.
