Juan Pérez (Zaragoza, 1967), en el mundo del cómic más conocido como Juanarete, es uno de los guionistas de cómic más destacados del panorama aragonés actual. Su obra se caracteriza por el interés en la memoria democrática, la justicia social y el rigor documental, elementos que ha convertido en su seña de identidad. Su bibliografía incluye títulos como Pepe Buenaventura Durruti, Frontera de Ordesa, Red de evasión Ponzán, La Pitillera Húngara, Plomo y Gualda, Entierro mexicano de Azaña en Francia, Gatos de cementerio. Por ellas, ha sido reconocido con el Premio Tran al Mejor Guion de Cómic Aragonés (2020) y con el Premio al Mejor Guion Aragonés del Salón del Cómic de Zaragoza (2022). Autor comprometido, es miembro de la Asociación Profesional de Guionistas de Cómic (ARGH!) y de la Asociación Aragonesa de Autores de Cómic (AAAC),
Hoy participa con nosotros en Escribiendo cómics para hablar de dos de sus obras recientes, Casas Viejas, una nueva incursión en la historia contemporánea española, y El joven Martí: son de Cuba en España, donde reflexiona sobre la figura del afamado poeta latinoamericano. En esta entrevista conversamos con Juanarete sobre su manera de entender el cómic, lo humano y lo divino… ¡Pasen y lean!
Tus obras suelen abordar episodios históricos poco conocidos. ¿Qué te impulsa a rescatar estas historias y llevarlas al lenguaje del cómic?
Lo que me interesa es dar a conocer acontecimientos más o menos desconocidos que despierten interés en las lectoras y lectores y que a mí, me de placer estudiarlos al preparar el guion.
Me gusta pensar y escribir tebeos, no deseo contar las historias que me interesan de otra forma. Tanto da que sean ficcionadas o basadas en acontecimientos reales; lo que busco es mostrarlas con originalidad y a la vez, intento que la lectora o el lector se divierta al leerlas.
¿Cómo es tu proceso de documentación antes de empezar a escribir un guion basado en hechos reales?
Intento recabar todo tipo de información sobre el acontecimiento y selecciono lo que más me puede interesar, me empapo de la historia y si me quedan dudas, intento contrastarlas. Después, construyo un relato que me servirá de argumentario, trabajo sobre los principales actores y una vez que tengo todo esto, comienzo a escribir el guion.
¿Dónde encuentras el equilibrio entre el rigor histórico y las necesidades narrativas de una buena historia?
En la forma de contar la historia. Suelo escribir en tercera persona e intento que el narrador aporte con coherencia un contenido extraordinario que enriquezca la historieta. Esto me sirve tanto para añadir otros hechos interesantes que la narración no soportaría por sí sola, como para dar un respiro a la «oficialidad» del relato. El rigor histórico contado con eficacia, no queda reñido con otros acompañamientos que lleguen a lugares que también me interesan.
Has trabajado temas relacionados con la memoria democrática y la Guerra Civil. ¿Crees que el cómic puede llegar a públicos a los que no alcanzan los ensayos históricos?
El tebeo es otra forma para mostrar acontecimientos históricos por la eficacia conjugada que el dibujo, el color y el bocadillo aportan. Me gustaría llegar a la conclusión de que el cómic alimenta la curiosidad de conocimientos de aquellas personas que de otra manera no se acercarían a la historia. Puede ser, no lo sé. Lo que si sé es que el cómic es muy capaz de contar todo tipo de historias, como cualquiera de las otras artes.
¿Qué personaje histórico te ha resultado más difícil de retratar y por qué?
Buenaventura Durruti, respondo sin dudarlo. No conozco otro personaje de tal altura más utilizado y manipulado. Me costó mucho esfuerzo elaborar su semblanza, más allá de tópicos y lugares comunes más o menos acertados. Un ejemplo, la famosa «renunciamos a todo menos a la victoria» es una frase atribuida a Durruti por Iliá Ehrenbugr, corresponsal de Izvestia, noticiero oficial soviético. Con el probable interés, una vez muerto Buenaventura de justificar la integración de las milicias en el ejército popular; dejar de ser milicianos anarquistas, antimilitaristas por derecho y pasar a ser militares, con todo lo que esto implicaba. No existe constancia documental ni queda registrado en las declaraciones públicas de Durruti, argumento alguno que pueda justificar el aforismo, más bien todo lo contrario.
En obras como La pitillera húngara o Frontera de Ordesa, el azar juega un papel importante. ¿Qué te atrae de ese elemento narrativo?
En ocasiones, me gusta utilizar el azar en la ficción porque forma parte de la vida. Siempre con un resultado proporcionado, una cosa es tener suerte y otra que al personaje le toque el gordo de la lotería, o que paseando por la calle le caiga un piano de cola en la cabeza.
¿Cómo construyes la relación creativa con los dibujantes que colaboran en tus proyectos?
Hace ya un tiempo que escribo los guiones por escenas, es decir, no planteo la viñeta como definición, describo el contenido espacio-temporal de un suceso concreto y señalo lo que sucede. Este planteamiento a mí, no sé a otros guionistas, me obliga a colaborar de una manera más estrecha con dibujante y colorista, que con un guion técnico y para ello, es indispensable saber trabajar en equipo y no tener planteamientos inamovibles. Soy un tipo con suerte porque he tenido el placer de hacer grupo con gente muy valiosa que, además de tener una gran categoría artística y personal, han trabajado de manera esforzada y animosa.
Después de varios cómics históricos, te adentraste en la ficción con Gatos de cementerio. ¿Qué diferencias encontraste al escribir una historia completamente imaginada?
La principal diferencia y la más placentera es crear un universo propio y ser coherente para no salirte de los límites que tú mismo te has impuesto. Por lo demás, más allá de la idea, una vez que ya supe qué iba a contar de ese mundo fantástico, aproveché para sumar elementos propios y singulares de la pandilla humana que comparte protagonismo con los gatos. Creo que escribir de chicas y chicos de instituto y no introducir asuntos como la integración, la orientación sexual o el maltrato escolar, es no mirar a tu entorno y estar fuera de la realidad. Sobre esto no había escrito nunca y me gustó mucho.
¿Qué autores de cómic o escritores han influido más en tu manera de contar historias?
Diría que hay una serie de autores que al leerlos acabas con ganas de contar historias, entiendo que eso es una manera de influir en mí manera de hacer guiones.
Oesterheld, Moore, Trillo, Pratt, Altarriba, Sánchez Abulí, Carlos Giménez, Max y muchos más.
¿Crees que existe actualmente un renovado interés por la novela gráfica histórica en España? ¿A qué lo atribuyes?
Eso creo, más que nada por el número de álbumes que van apareciendo. Por otra parte, me gusta fantasear y pensar que las personas que compran este tipo de cómics forman parte de un target incipiente que, a la vez que se acercan a la historia democrática, son nuevos lectores de tebeos. Aunque en realidad, no tengo base que me lleve a afirmar categóricamente que es así, es en el fondo una ilusión.
Si pudieras convertir cualquier episodio olvidado de la historia española en tu próximo cómic, ¿cuál elegirías?
No sería española, me gustaría una de la vieja Corona. Una historia aragonesa, mítica, que incluya valor, romance y que el conflicto conlleve una alta dosis de ingeniosa intriga política medieval.
En realidad, no sé cuál será mi próximo tebeo, tengo varios guiones en la agenda, unos de historia y otros no.
Dentro de tu obra histórica nos gustaría retratar Casas Viejas. ¿Cuál fue el mayor reto a la hora de convertir un acontecimiento tan complejo y cargado de interpretaciones en un relato accesible para los lectores actuales?
Por sugerencia de un buen guionista, llegué al blog de un profesor de Historia del IES Casas Viejas, Salustiano Gutiérrez Baena. La documentación y las imágenes, en su mayoría las saqué de allí. La mayor dificultad, el gran reto, era no colmar de información y de nombres propios la historieta, algo que podría convertir un tebeo en un sesudo estudio. Pero las víctimas de la razzia merecían no ser apartadas, es una obligación moral del guionista citarlas y no olvidarlas. Combiné con Manuel Granell y con el editor, sumarlas a modo de extras, al final, dando una explicación somera de cómo y cuándo murieron y de si habían participado en los acontecimientos previos. Por otra parte, no caben interpretaciones de los sucesos de Casas Viejas. Existe el trabajo de investigación bien hecho, que por ejemplo deja escrito el antropólogo Jerome Mitz y que más tarde, ratifica Gutiérrez Baena.
En el cómic utilizas la figura de Benito Pabón para revisitar aquellos acontecimientos años después. ¿Qué te llevó a elegir ese punto de vista y qué aporta a la comprensión de la tragedia de Casas Viejas?
Desde hace unos años tenía en la agenda la figura de Pabón, abogado laboralista, diputado del Frente Popular por Zaragoza, defensor en 1937 de la ejecutiva del POUM y preso, por indicación de Falange exterior de los japoneses en Filipinas, desde 1942 hasta 1945. A este tremendo currículum, hay que sumar que fue, además, defensor de algunos de los encausados en el Consejo de Guerra de Casas Viejas. Encontré el camino entre las dos historias; la masacre contada por uno de los abogados defensores de los campesinos casaviejeños, con toda la legitimidad que da al narrador ser buen conocedor de los hechos y a la vez, contar la peripecia personal del propio jurista.
Hablemos de tu último cómic, El joven Martí, son de Cuba. José Martí es una figura esencial para la identidad cubana y latinoamericana. Al abordar su juventud en El joven Martí, ¿qué aspectos de su personalidad te interesaba especialmente descubrir y mostrar a los lectores que quizá no son tan conocidos?
Martí fue brillante, muy brillante. En su primer destierro, llega a España al principio de 1871 con diecisiete años, enfermo por las heridas causadas por los trabajos forzados a los que fue sometido en Cuba. Marcha al final de 1874. En esos casi cuatro años, termina el bachillerato de artes, saca las carreras de Derecho y de Filosofía y Letras como alumno libre, trabaja como profesor dando clases particulares y como amanuense. Se enamora, cultiva amistades fraternales, va a los ateneos a conferencias y a los teatros. A la vez, se dedica a la vindicación de la independencia y al fin de la esclavitud en la isla, por ello lo persiguen y se pelea y también, escribe algunas de las obras determinantes de su prosa. Me interesó por todo esto, por eso escribí un tebeo sobre él en ese periodo.
La obra se centra en los años que Martí pasó entre Cuba y España, marcados por la represión, el exilio y el despertar político. ¿Qué crees que puede encontrar el lector de hoy en las vivencias de aquel joven que sigue siendo relevante en el siglo XXI?
El esfuerzo de un muchacho que está alejado de los suyos, que, además, vive en el tiempo de Amadeo de Saboya, único rey elegido por un parlamento. Que conoce la llegada de la primera República española y la defensa de los zaragozanos de su cantón y de la propia República, en la barricada de la plaza del Mercado. Luego, la llegada de la Restauración. Y durante este periodo suceden la Tercera Guerra Carlista y la Guerra de los Diez años, en Cuba. Pese a todos estos acontecimientos, o por eso mismo, no deja de defender lo que piensa pese a la cantidad de dificultades que debe sortear.
Su lucha por la independencia y por la abolición de la esclavitud, está muy vigente, a la actual política de EE.UU en Latinoamérica me remito. Y la aporofobia y la xenofobia que sufren los migrantes, bien puede considerarse hoy en día, como nuevas y derivadas formas de esclavitud.
En Escribiendo Cómics nos gusta analizar y comprender cómo está la situación del cómic español en general y de las guionistas en particular, ¿cómo consideras que está en este momento?
El Libro Blanco fue una gran noticia, un trabajazo llevado a cabo por mucha gente a la que hoy, tiempo después hay que seguir felicitando. Las ayudas a la creación son una estupenda iniciativa, con algunas cosicas que habrá que mejorar. Y hasta aquí lo mejor; lo peor, la precarización y a otra escala, la falta de trasparencia en los órganos que nos quieren representar; más actas y menos actos.
¿Crees que existe alguna diferencia entre el momento en el que empezaste tu carrera y el momento actual?
¿Además del citado libro blanco y las ayudas al sector? Soy más viejo que cuando empecé.
¿Qué aconsejarías a alguien que está empezando a escribir guiones de cómic?
Dos cosas:
Que lea todos los manuales que hablan de cómo escribir guiones que pueda, que luego los queme y que escriba de la manera que más práctica y útil le parezca.
Un guionista de tebeos escribe para una sola persona, aquella que va a dibujar el cómic; que sea amable, cordial y empático con el equipo.
