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Entrevista a Sergio Illescas

Sergio Illescas (1980) trabaja como redactor en el canal de televisión español LaSexta. Está especializado en temas de migración, derechos humanos y colectivos vulnerables, que le han llevado a desarrollar reportajes sobre la tensión en las fronteras entre España y Marruecos o la situación de las personas migrantes que vienen desde Senegal. Ha colaborado con otros medios nacionales como El Confidencial y con fundaciones especializadas en periodismo de migración como PorCausa.org. También formó parte durante 15 años de la plantilla del diario Información de Alicante, realizando a cabo reportajes en las secciones de Sociedad, Cultura y Política.

Ahora, Sergio extiende su pasión por contar historias al ámbito de la historieta. Podríamos decir que periodista de profesión y guionista de cómic por vocación —seguramente nos equivoquemos—, ha sabido convertir la mirada crítica de la actualidad en Melilla en relatos capaces de dialogar con la memoria, la cultura popular y justicia social. ¿Y de qué vamos a habar con él? Poca cosa… De narrativa, periodismo, viñetas y el delicado equilibrio entre informar y emocionar… sobre cómo se construyen las historias cuando el papel, ya sea prensa o cómic, sigue teniendo algo importante que decir.

«Los Nadie» marca tu debut como guionista de cómic. ¿En qué momento sentiste que esta historia necesitaba ser contada en formato gráfico y no desde los códigos más tradicionales del periodismo? ¿Este reportaje no encontraba hueco en la parrilla televisiva?

Empiezo al revés la respuesta. El reportaje de «Los Nadie» fue un camino a pasitos pequeños. Primero, en el verano de 2022, decidí irme a Melilla a hacer un voluntariado. Mi intención era conocer mejor la frontera de cara a formarme como periodista en Migración. Coincidió que se produjo, tres semanas antes la masacre del paso fronterizo del Barrio Chino, que se encuentra entre Nador (Marruecos) y Melilla. Yo traté el tema, con piezas audiovisuales, desde la redacción de LaSexta en Madrid. No sabía qué me iba a encontrar allí tres semanas después y si podría hacer algo periodístico en los descansos del voluntariado. Finalmente, un periodista de allí me recomendó hablar sobre los muertos, ya que a la mayoría de personas migrantes que pierden la vida intentando cruzar las entierran en el cementerio de Nador sin nombre y apellidos. Me pareció descorazonador y decidí ponerles nombre y apellidos a algunos de los que habían muerto en ese trágico suceso del Barrio Chino. Más de 40 según algunas onegés y más de 100 desaparecidos. Supe que los que habían conseguido cruzar llegaron a un Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) prácticamente vacío, por lo que las personas que había negras en Melilla en ese momento, eran ellos. Entendí que muchos de ellos tendrían historias de amigos o familiares que perdieron ese día. Y empecé a contactar con ellos. Conseguí cinco historias que grabé con el móvil, porque era algo que en un principio no hice como periodista de LaSexta, más que nada porque no sabía dónde me iba a llevar… y estaba de vacaciones. Vaya forma de pasar las vacaciones los periodistas motivados…

Finalmente, me llevaron a historias increíbles, crudas y profundas. Historias que conmovieron a la dirección de mi cadena cuando llegué a Madrid, por lo que en un principio se convirtió en un reportaje multimedia y en varias piezas en un especial que hicimos en septiembre.

Pero me sabía a poco. Sabía que esas historias exigían ser contadas de manera que llegaran a más gente o profundizar en ellas de otra manera. Lo comenté con Mario-Paul Martínez, con el que ya había hecho en el pasado proyectos culturales y decidimos hacer una novela gráfica, por las diferentes capas y detalles que puedes narrar en ellas. Somos fanáticos de Joe Sacco pero, sobre todo, nos inspiró una novela gráfica llamada «Viva la vida», que compré en Ciudad de México hacía años. Baudoin y Troubs viajan a Ciudad Juárez y se entrevistaron con algunos de sus habitantes, y retrataron sus sueños y en cada sueño cambiaron el trazo del dibujo. Eso nos motivó para que cada historia la dibujara un ilustrador afrodescendiente. Había que darles otro color. Mario retrataría nuestras investigaciones en blanco y negro, pero las historias necesistaban matices africanos.

Viniendo de una práctica profesional basada en hechos, datos y verificación, ¿cómo ha sido para ti incorporar elementos más narrativos o incluso simbólicos sin perder el compromiso con la realidad que te caracteriza? ¿Cuáles son tus referentes dentro de la historieta?

Vuelvo a empezar por el final: Baudoin y Troubs, Joe Sacco, Guy Delisle, Paco Roca… Creo que se puede ser fiel a los datos a través del dibujo. Y nosotros hemos sido muy escrupulosos con eso. Solo cambia el formato. Pero el compromiso con la verdad sigue ahí, latente, viñeta a viñeta. Las historias que nos contaron, al final son relatos de vida. Pero los datos periodísticos se han contrastado con todas las fuentes: Ministerio del Interior, Gobierno de Marruecos, ong’s que estuvieron sobre el terreno, colectivos de periodistas que hicieron varios reportajes… Por otro lado, el ilustrador guineano Eusebio Nsue decía, mientras dibujaba, que se sentía como un cámara grabando el camino de los protagonistas de su historia. Para él, dibujar el guion que le pasé, fue como acompañarlos durante la travesía migratoria que ellos nos contaron. Eso también es ser fiel a la realidad e incluso atravesarla e incrustarse en ella.

Como periodista, estás acostumbrado a apelar a la razón del lector; el cómic, en cambio, conecta mucho con lo emocional. ¿Buscabas provocar una reacción más visceral en el público con esta obra?

Sí, creo que el cómic es un terreno más amable para conectar con el lector. La gente va más relajada a leer un tebeo. Lo lee más desde la tranquilidad y no desde la tensión de cuestionar al medio de comunicación. A todos nos gusta que nos cuenten historias y creo que el dibujo hace que nos retrotraigamos un poco a nuestra infancia o juventud, cuando teníamos la mente más abierta a que nos narraran cosas. Queríamos provocar algo que parece sencillo pero que por lo que vemos, en el mundo que nos rodea, no tienen claro muchas personas: las personas negras son seres humanos.

La obra está construida junto a varios dibujantes, lo que introduce una pluralidad de miradas. ¿Cómo se articula esa diversidad estética para que el conjunto mantenga coherencia narrativa y emocional? ¿Cómo evitaste que esos cambios alteraran la cadencia narrativa o la experiencia de lectura?

Volvemos a «Viva la vida», el cómic que antes he mencionado y a Joe Sacco. Quisimos plasmar la aventura periodística, en la que contamos cómo llegué yo a los narradores de cada historia en julio de 2022 y cómo Mario y yo volvimos a viajar a Melilla y Marruecos dos años después para conocer el contexto de estas historias. La intención era que este relato funcionara como eje vertebrador de cada una de las historias. Usamos el blanco y negro para no restar protagonismo a las historias de los cinco chicos fallecidos. Y para reforzar la idea del color que tuvieron sus vidas, además del color poderoso que tiene el imaginario africano. También era importante que cada historia tuviera un concepto diferente. En alguna tratamos de darle un tono más de acción, otra era más poética, otra más dramática o emocional… No queríamos generar cinco relatos miméticos. Queríamos que cada una tuviera su propia personalidad.

¿Recuerdas algún caso específico en el que la propuesta de un dibujante haya cambiado significativamente el sentido o el tono de una escena que habías concebido de otra manera?

Supongo que con Frank Xárate pero también queríamos un poco eso. Queríamos una historia más conceptual y más artística. Yo le di un texto esbozado de la historia de Anwar, un migrante cuya imagen con su cuerpo tirado en mitad de ambas fronteras fue muy simbólica porque evidenció que hubo muertes en territorio español. A partir de ahí le dijimos a Frank que hiciera lo que quisiera. Así que fue buscado un poco que nos sorprendiera. Nos parecía divertido y disruptivo. Frank no es dibujante de cómic. Por eso, precisamente lo elegimos.

¿Qué tipo de guion te exigía cada uno? ¿Ha sido esta experiencia un complejo y extenuante curso de guion?

Totalmente, porque yo no tenía ni idea de hacer un guion de cómic. Cada ilustrador también tiene una personalidad diferente y una manera de crear. Algunos pedían que estuvieran claros todos los detalles de cada viñeta, otros querían más libertad a la hora de crear, otros incluso me metían caña porque no les parecía un guion al uso de cómic… Pero el buen rollo ha reinado entre nosotros y al final nos conseguimos entender. El proyecto era tremendamente bonito como para no buscar vías de entendimiento. Formar parte de él, la importancia de su mensaje, nos hacía tender puentes y remar todos en la misma dirección. Seis culturas diferentes, seis estilos, seis personalidades… Al final, ha sido enriquecedor para todos.

Después de enfrentarte a este proceso colectivo y a un tema exigente, ¿qué has aprendido sobre tus propios límites —o posibilidades— como narrador más allá del periodismo?

He aprendido mucho a escuchar las ideas de la gente y empatizar con ellas. No digo que nunca lo haya hecho pero aquí ha ocurrido más. El trabajo del reportero suele ser solitario. Hacemos pocos reportajes colectivos y casi siempre es tu voz y la que te marca tu jefe. Aquí éramos muchas voces y debíamos buscar una armonía a través de ellas. También a narrar a través de los silencios, de pequeños dibujos, que pueden transmitir más que todo un párrafo. A sintetizar en favor del ritmo. El pasado verano estuve en Francia y me sumergí mucho en la novela gráfica francesa, y me parecieron deliciosas todas esas páginas donde no hay ni una línea de texto. Ahora estamos escribiendo un epílogo y a Mario, que lo está dibujando, lo vuelvo loco diciéndole: «Aquí pon las movidas esas que tú haces de meter sonidos, pasos u onomatopeyas… Ya sabes…». Ha creado un monstruo.

El título Los Nadie remite inevitablemente a una idea de invisibilidad social. ¿Qué historias o realidades concretas te interesaba rescatar bajo ese concepto?

Bueno, es un juego con el poema de Galeano…

«Los nadies: los hijos de nadie,

los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados,

corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos,

rejodidos»

Se le ocurrió a César González, el director de LaSexta, cuando hice el serial de reportajes especiales cuando recogí las historias. Creo que fue muy acertado. Es una contradicción, porque para nosotros sí son «alguien». Pero le da fuerza, porque refleja cómo los ve el Norte Global con todas esas políticas racistas y poco empáticas.

¿Cómo equilibraste la voluntad de denuncia con la necesidad de construir un relato que funcione también desde lo narrativo y lo estético?

La denuncia y lo reivindicativo siempre ha sido estética. Fíjate en los carteles que se crearon en Irán en torno al lema «Mujer, vida y libertad» en 2022, tras el asesinato de la joven Masha Amini tras ser detenida por la policía moral, al llevar mal puesto el hiyab. Los carteles son brutales y se podría hacer un cómic o libro ilustrado con todos ellos. Por no hablar de la propaganda soviética durante la revolución rusa de 1917.

En cuanto al diálogo, sobre todo cuando recoges testimonios o entrevistas ¿buscaste una reproducción más fidedigna del habla o tendiste a la síntesis propia del cómic, donde cada palabra tiene que ser muy precisa?

Había que equilibrar. Por supuesto, había que simplificar pero sin perder los detalles más importantes de cada historia.

El diálogo en cómic también ocupa un espacio físico dentro de la viñeta. Siendo tu primer trabajo, ¿hasta qué punto tuviste que ajustar o reescribir textos en función de cómo respiraba la página o de las necesidades del dibujo?

Todo el tiempo. Fue un trabajo de orfebrería y volvimos a los maquetadores un poco locos. De repente, había unos tochazos infumables que tratamos de aligerar.

En la planificación de página, ¿pensabas en términos de composición global —como dobles páginas o secuencias cerradas— o trabajabas más desde la lógica de viñeta a viñeta, dejando que el ritmo emergiera de forma más orgánica? ¿Esbozas la página para tener una imagen visual clara?

Esta pregunta es un poco más para Mario-Paul, que es el que dibujaba. Y el que componía. Yo no me atrevo a meterme en terrenos que no son los míos.

En Escribiendo Cómics nos gusta analizar y comprender cómo está la situación del cómic español en general y de las guionistas en particular, ¿cómo consideras que está en este momento?

La gente lee poco pero la novela gráfica creo que está acaparando la atención de la gente, en un momento donde lo digital parece que va por delante. Géneros como el periodístico o el histórico resultan atractivos hasta para los no aficionados al cómic. Solo hay que ver el éxito de los libros de nuestro gran amigo Carlos Esquembre.

¿Crees que existe alguna diferencia entre el momento en el que empezaste tu carrera y el momento actual?

Un poco parecido, porque por ahora es corta.

¿Qué aconsejarías a alguien que está empezando a escribir guiones de cómic?

Que el viaje va a ser largo pero que disfrute cada fase, porque es un camino creativo y bonito. Creo que cuando vi la primera viñeta del cómic, cuando vi que el sueño de que algo escrito se convertía en dibujo, lloré jajaja. Así que la mejor de las suertes para el que se aventure a ello.

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