Si alguien se acerca a alguna de las redes sociales o a alguna de las entrevistas realizadas a Carolina Corvillo (Madrid, 1988) enseguida se dará cuenta de algo relevante: las letras ocupan una parte muy importante en su vida.
Ahora podríamos hacer una larga enumeración de las obras que ha escrito, pero no, esta vez, siguiendo una lógica pura, utilizaremos una de las máximas más importantes en el guion y emplearemos el presente: Carolina escribe novelas, escribe obras de teatro, escribe poemas, escribe cine, escribe canciones y, por supuesto, escribe cómics.
En poco más de tres años ya han visto la luz cuatro álbumes con su sello y varias historias cortas que demuestran que las únicas etiquetas que se le pueden poner son las de la solidez y el oficio.
Hoy abrimos el blog para que nos cuente cómo hace ella eso de escribir tebeos.
¿Qué te ha llevado a escribir historietas? ¿Qué te aporta frente a otras propuestas artísticas que has desarrollado?
Amo la lectura de cómic y literatura desde mi infancia. Empecé escribiendo, desde pequeña, narrativa y teatro. Intenté dibujar, aunque terminé dejándolo por el bien del universo. Nadie me dijo nunca que tuviera que ponerme a escribir. Lo hacía porque me gustaba y me divertía mucho ensayar obras teatrales interminables con mis compañeros en los recreos del comedor (los más largos).
Después, cuando empecé a estudiar Filosofía en la universidad, me asomé al mundo audiovisual, escribí y codirigí varios cortos, y pocos años después, gracias a sumergirme en el cómic europeo, descubrí que, a través de las viñetas, podía contar algunas historias que hubieran sido muy difíciles de producir como películas. Era una vía que no había explorado a nivel creativo y que me abrió un mundo nuevo. Virgo fue mi primer guion audiovisual adaptado a cómic, en formato de 23 páginas y dibujado por Colt García. Estuvo un tiempo en Comixology, pero dejó de estar disponible tras la integración de la plataforma en Amazon. Muy pronto, verá la luz una reedición de este primer trabajo gracias a la editorial Raccoona.
Con el cómic encontré el equilibrio perfecto entre la narrativa, que es un trabajo solitario, y el audiovisual o el teatro, procesos en los que terminan interviniendo muchísimas personas, más difíciles de producir y llevar a cabo, y en los que se corre el riesgo de perder el control creativo.
El cómic me aporta la visión creativa del artista, que no solo traduce el guion en imágenes, sino que siempre hace crecer la idea original. Es muy enriquecedor. Además, permite una mayor capacidad de decisión artística al tratarse de un equipo reducido. Por otro lado, la dinámica que se establece con cada dibujante es muy diferente. Cada proyecto es un periplo distinto en el que siempre aprendo algo nuevo de mis compañeros de batalla.
¿Qué marcos teóricos, autores o tradiciones del cómic consideras más influyentes en tu práctica como guionista?
Autores como Yslaire, Dufaux, Léonie Bischoff, Marini, Dorison, Jul Maroh, Kerascoët, Taniguchi, Alan Moore, Kiriko Nananan, Bill Willingham, Garth Ennis, Phoebe Gloeckner o Sfar, entre muchos otros, en el panorama internacional, y Javier de Isusi, Hernán Migoya, Ibáñez, Teresa Valero o Juan Díaz Canales en el nacional han desplegado en mí un universo de posibilidades. Fueron quienes me hicieron ver que las temáticas para explorar son infinitas, así como las distintas formas de abordarlas.
Luego está Jodorowsky, que me parece una mente imaginativa sin límites. Él me enseñó que toda creación es producto de la exploración interna y de una postura vital constructiva ante el mundo. Que hay que conocer el medio, pero que lo más importante es tener algo que contar y el arrojo para hacerlo.
Aunque no forme parte del mundo del cómic, David Mamet, con libros como Manifiesto (sobre dramaturgia) y Verdadero y falso (dirigido al mundo actoral), me ha dado valiosas lecciones. De nuevo, se trata de una actitud a la hora de abordar el hecho creativo que prescinde de todos los adornos innecesarios y que concibe la obra como un todo.
Rescato una frase suya: «No todo el mundo puede levantar un granero, pero cualquiera puede incendiarlo». Esta frase me ha librado infinitas veces del sabotaje ajeno (a veces inconsciente o disfrazado de buenas intenciones) y del autosabotaje.
También me gustaría mencionar a Andréi Tarkovski. Esculpir en el tiempo, su libro sobre teoría cinematográfica, me ayudó a condensar muchos conceptos y a verbalizar la forma de enfrentarse a la creación. «La función atribuida al arte no es, como se suele asumir, presentar ideas, propagar pensamientos, servir de ejemplo. El objetivo del arte es preparar a la persona para la muerte, arar y azotar su alma, haciéndola capaz de volverse hacia el bien». Tarkovski habla del cine como un arte que sigue la lógica de lo poético y no puedo estar más de acuerdo. Creo que también puede decirse lo mismo del cómic.
El arte es una forma de relacionarse con el mundo, y este creador ruso me ayudó a reafirmarme en una convicción personal: si no es mejor que el silencio o no está naciendo de un compromiso interno con la obra, entonces es preferible no poner nada sobre el papel. El resultado podrá ser mejor o peor, pero asegurarme de que escribo porque estoy alineada con el tema es una garantía de no perder mi propio tiempo… ni el de los demás.
El mito de Sísifo, de Camus, también ha ejercido una gran influencia en mí por el concepto de crear el sentido de la vida. Para mí, escribir historias es una forma de crearlo. Cuando la única certeza es la muerte, pienso también que crear es una manera de intentar dejar el mundo algo mejor de lo que lo encontramos.
Hay muchos más creadores que me han influenciado, como Campbell, Jung, Aristóteles, Virginia Woolf, Oscar Wilde, Truffaut, entre otros, pero me gustaría cerrar esta respuesta con Maruja Mallo, que afirmó que una de las funciones del artista era generar nuevos mitos. La mitología es la poesía del alma y lo que nos conecta con absolutamente todas las generaciones pasadas. Ella tenía un profundo conocimiento de las mitologías clásicas y, al mismo tiempo, no tenía miedo a innovar. En mi caso, la mitología es una fuente constante de inspiración, así como los autores clásicos: Ovidio, Sófocles, Esquilo, Eurípides, Safo…
En las fases iniciales de un proyecto, ¿qué elemento es la piedra angular sobre la que estructuras tu proceso creativo: la arquitectura del relato, la construcción de los personajes o el diseño del mundo narrativo?
La brújula de mis historias es la evolución psicológica de los personajes. Todas están articuladas en torno a sus conflictos internos, a cómo estos chocan con el mundo exterior y a la manera en la que los transforman.
¿De qué manera trabajas el ritmo narrativo y la segmentación del relato a través de la página y la viñeta?
Número de viñetas, tamaños de viñeta, valor de plano… Intento que cada viñeta aporte algo diferente y que la página tenga una evolución propia, de positivo a negativo o de negativo a positivo, con pequeños puntos de giro que conduzcan a los grandes momentos: detonante, crisis, clímax. Tengo en cuenta todo esto, pero también me dejo llevar por el instinto. Creo que escribir es aprender a escuchar la historia.
Cuando empecé, prestaba menos atención a la numeración de las páginas, pero ahora me fijo mucho en las pares y las impares, porque controlando eso se pueden estructurar mejor los puntos de giro o los momentos dramáticos importantes. En una par, el ojo del lector ve lateralmente lo que ocurre en la impar. Después de una impar, la información visual será completamente nueva. Las dobles páginas o las páginas de una sola viñeta también son un valioso recurso.
¿Hasta qué punto detallas la secuenciación de la página al dibujante? ¿Te basas más bien en un guion literario para que este interprete libremente en imágenes?
Mi guion es mezcla de guion literario y técnico. Escribo el número de página, el número de viñeta, el valor de plano y, si se tercia, el ángulo de cámara. Luego indico el lugar en el que transcurre la escena y describo la acción y la actitud de los personajes. A continuación, los diálogos. En ocasiones también aporto referencias gráficas en el propio documento. Y, según voy escribiendo, dibujo un esquema de viñetas porque me sirve mucho a la hora de pensar en la secuencia.
No busco hacer guiones con descripciones floridas, sino eficientes y lo más claros posibles para no perder el foco de la acción y la progresión narrativa y, sobre todo, para transmitirle al artista de la forma más precisa posible lo que busco en cada secuencia. Cuando el guion ya está en manos del dibujante, también me parece esencial mantener un diálogo para asegurarnos de que vibramos en la misma sintonía y abordar el «parto» de la criatura de la mejor forma posible.
¿Qué estrategias empleas para la construcción de personajes?
Leo mucho sobre el personaje si es histórico. Si es original, defino su conflicto principal, interno y externo, y su relación con los personajes, algo que también hago con los históricos en una segunda fase del proceso.
Con los personajes históricos creo que hay que ser fiel a la esencia del personaje, pero tener siempre presente que el tratamiento desde la ficción implica que hay que insuflarles vida. No pueden convertirse en mariposas disecadas. No se merecen ser invocados desde el más allá para provocar aburrimiento. Para eso están los libros de texto (que también cumplen su función). Tampoco comparto la visión de que para escribir histórico no hace falta creatividad. Diría que todo lo contrario.
Desde tu experiencia, ¿cuáles son las principales dificultades de la escritura de diálogos en el cómic? ¿Algún truco para conseguir la naturalidad de dicción en los personajes?
Las dificultades principales son el subtexto, que armonice con la acción y que no simplemente la subraye. En fin, podría decirse que las dificultades son… todas. También la tentación de convertir a los personajes en «wikipedias» portátiles es grande, pero creo que son cosas que hay que evitar. Los personajes no están para dar información, sino para transmitir emoción. Darles evolución dramática y entidad, así como crear las diferentes voces, también es complicado. Sintetizar.
No sé si hay algún truco para conseguir naturalidad. Creo que la naturalidad en el diálogo dramático siempre tiene un componente artificial. En el habla natural repetimos ideas, tenemos coletillas, faltas. El diálogo dramático debería parecer natural sin serlo en realidad, atender a cierto sentido de la musicalidad. En cuanto a trucos… yo cierro los ojos y me imagino a los personajes hablando e interactuando. Supongo que eso me viene de mi faceta teatral.
¿En qué aspectos consideras que tu escritura como guionista de cómic ha evolucionado a lo largo de tu trayectoria profesional?
Ahora escribo con una estructura interna más clara que antes y tengo más en cuenta los recursos propios del cómic a la hora de estructurar las escenas. Es verdad que en mis influencias se pueden ver varias disciplinas y que se pueden aplicar conceptos de guion de cine, teatro o narrativa, pero el cómic tiene su propio lenguaje. Soy consciente de que todavía me queda mucho que descubrir.
¿Sigues una metodología de trabajo sistemática durante la escritura del guion o adaptas el proceso a cada proyecto?
Suelo seguir siempre el mismo proceso. Primero es la fase de documentación (ya sea histórico o con personajes originales), después defino los personajes y sus conflictos, hago un esquema muy general de la estructura principal de la historia, con división en actos, y, cuando siento que voy con seguridad (aunque a veces me tengo que obligar a ello, para no quedar atrapada en el proceso de documentación), me lanzo a la escritura.
Durante el desarrollo del guion mantengo constancia, escribo varias páginas por día y pienso mucho en cómo estructurar las secuencias antes de escribir. A veces los personajes cobran vida y me sorprenden, y entonces el esquema inicial cambia. Por eso no suelo escribir escaletas muy detalladas, porque durante el proceso de desarrollo de las escenas no quiero renunciar al factor descubrimiento. Esa es la parte más intensa y viva. Al terminar, lo reviso todo y, después de dejarlo unos días reposando, lo vuelvo a revisar.
¿Qué función cumple la documentación y la investigación previa en la elaboración de tus guiones?
Es imprescindible tanto si es histórico como si no. Me da un ancla y es inspirador. Durante el proceso de documentación siempre surgen elementos que pueden ser interesantes para el desarrollo e incluso cambiar por completo el rostro del proyecto. La inmersión me ayuda a vivir en la historia que estoy contando.
¿Qué proyecto consideras especialmente significativo dentro de tu trayectoria como guionista?
Ellas iban sin sombrero, editado por Amiram Reuveni, que en paz descanse, en Ponent Mon. Fue mi primer cómic profesional publicado y una alegría tremenda, que ya va por la cuarta reimpresión. Tuve la inmensa fortuna de que se unieran al barco cinco artistas maravillosas: Irina Hirondelle, Irene Gala, Jen Del Pozo, Noelia Fuentes y Mercedes Palacios. Amiram ha sido para mí una de las figuras clave en mi trayectoria. Fue el primer editor que confió en mí y lamenté muchísimo su pérdida. Era una persona inteligente, amable, de buen corazón y con un gusto exquisito.
Otro proyecto significativo es uno en el que estoy ahora mismo inmersa junto a la artista Meik, y que comenzó hace dos años, cuando decidí viajar sola a Asia para investigar, documentarme y entrevistar a algunas personas en relación con una tradición. Todavía no quiero desvelar detalles, pero es uno de los mayores retos que he tenido hasta ahora. Estoy disfrutando mucho del proceso.
En Escribiendo Cómics nos gusta analizar y comprender cómo está la situación del cómic español en general y de las guionistas en particular, ¿cómo consideras que está en este momento?
Hay estudios que apuntan a que la gente lee más cómics ahora que hace unos años. En ese sentido quiero ser positiva. Ahora hay más editoriales que apuestan por el talento nacional y creo que esto es algo que hace unos años pasaba menos. Están surgiendo muchas voces nuevas y heterogéneas.
Abrirse camino a nivel artístico siempre es complicado, y hay que tener en cuenta que muy pocos guionistas que solo publiquen en España pueden dedicarse solo a eso, algo que sucede también en otros ámbitos de creación artística.
Creo que tenemos que participar en iniciativas que promuevan la lectura de cómic, pensar en formas de atraer a nuevas hornadas de lectores, hacer entender en qué consiste nuestro trabajo a través de charlas, talleres, actividades lúdicas… Como guionista, creo que esto es imprescindible. Mucha gente no sabe exactamente lo que supone escribir un guion de cómic y piensa que lo que hace el guionista es rellenar bocadillos en las viñetas ya dibujadas.
¿Crees que existe alguna diferencia entre el momento en el que empezaste tu carrera y el momento actual?
Estoy en momentos vitales diferentes. Mi primer cómic profesional fue publicado en 2022, pero mi actividad en la escritura comenzó con mi primera novela publicada, Yo desobedezco o cuento de Ámsterdam, cuando tenía 23 años. La escritura, en todas sus formas, y el escenario me han salvado en múltiples ocasiones. Explorar determinados personajes e historias me ha ayudado a construirme y conocerme un poco mejor, a tener una mirada más serena de lo que me rodea y a relacionarme con el mundo.
En lo que al cómic se refiere, aunque sea obvio, cuando empecé tenía poco conocimiento de cómo funcionaba la industria y muy pocas conexiones con artistas con los que colaborar. Ahora eso ha cambiado y me siento afortunada porque la mayor parte de las personas con las que tengo relación y colaboro me han aportado muchísimo a nivel humano y profesional. Al empezar, percibía que era un camino solitario, con muy pocas herramientas con las que avanzar. Me sentía un poco Guybrush Threepwood, del videojuego Monkey Island, cuando llega a isla Mêlée. Finalmente, pese a los intentos de algunas personas de mi entorno de disuadirme, que imagino que lo hacían con buenas intenciones, no me eché atrás porque tenía muy claro que quería contar historias en viñetas.
¿Qué aconsejarías a alguien que está empezando a escribir guiones de cómic?
Leer muchos cómics para aprender recursos, formatos, maneras de enfrentarse a las páginas, pero también consumir historias en otros formatos: teatro, novela, cine…
Le aconsejaría también no ponerse excusas para no escribir. Escribir historias por las que sienta pasión. Preparar dosieres consistentes y potentes. Relacionarse con artistas y otros guionistas para crear vínculos sanos, y usar las redes como instrumento de promoción o para buscar conexiones y personas afines con las que colaborar, procurando no sucumbir a la tiranía del algoritmo.
También me parece importante tener una estructura vital que permita ganarse la vida. Todos queremos llegar a Francia y vivir de las regalías, pero el camino suele recorrerse mejor si no nos ruge el estómago y somos capaces de preservar nuestra independencia, autonomía y salud mental. No se trata tanto de quejarse de que el sistema no nos da de comer, sino de entender cómo funciona la ley de la oferta y la demanda y aceptar la realidad: de momento, España no tiene una gran masa de lectores de cómic y, aunque la tuviera, la competencia seguiría estando ahí. Esto no implica que no defendamos nuestros derechos o que no luchemos por promover la lectura del cómic o por vender nuestra obra en mercados internacionales.
Tener una visión realista del mercado no va en contra de la ambición ni es sinónimo de conformismo o autosabotaje. Es una herramienta. Hay que ser conscientes de que ir a ferias nacionales e internacionales a presentar trabajo tiene un coste económico. Yo nunca he sentido que renunciara a mi vocación por tener que compaginarla con las clases de idiomas y la traducción. Toda experiencia enriquece el trabajo creativo.
Volviendo un poco a Mamet, tener siempre presente que la idea es construir un granero, no destruir el de otros. Aprender de los que han venido antes, pero sin renunciar a crear un camino propio. Confiar en el instinto y en la propia voz. Y no llorar demasiado por redes, porque eso suele ser fuerza creativa desperdiciada.
Y, al menos, tener dos gatos.
