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Empatizar o no empatizar, esa es la cuestión

¿Por qué se consigue empatizar más fácil con unos personajes que con otros?

Eso entiendo que depende quien sea la persona que está leyendo/viendo nuestra historia. Es una obviedad como un templo decir que es más sencillo que muchos empaticen con un personaje como Jon Nieve que con uno como Ramsay Bolton. Perdón por recurrir a un ejemplo de la serie Juego de Tronos, pero es algo que seguro que la mayoría de los que leáis os resulta familiar. En este caso concreto, no obstante, hablamos de blanco y negro. Los grises no existen, y si los hubiera se procuran esconder, porque lo que se busca cuando a Bolton se lo están papeando sus propios perros, es que el espectador lo celebre como si viera a su equipo ganar la Super Bowl. Es un personaje creado para ese fin, ser odiado hasta el punto de desearle la peor de las muertes. Nadie admitirá en público empatizar con las atrocidades que va cometiendo, aunque no tengo dudas que en la intimidad haya quien lo goce fuertemente, teniendo en cuenta este infecto mundo que compartimos. Pero no solo es un depositario de odio comunal. Está ahí también para que por simple contraposición, Jon Nieve parezca más carismático de lo que en realidad es (o sea nada) por sí solo.

Dejando a un lado los extremos, mi pregunta versa más sobre lo que cada lector ande buscando en una historia. La teoría dice que si ese lector no empatiza con nuestro protagonista (de haber uno que destaque), se corre el riesgo de desconexión total con los actos y motivaciones que tenga dicho personaje. Y que, en el mejor de los casos, dicho lector termine la historia por pura rutina y sin haber conectado emocionalmente con lo que se cuenta.

Pero, ¿cómo sabes lo que busca en la lectura cada lector al que nos dirigimos? ¿Cómo adelantarnos a esas expectativas para lograr esa conexión entre personaje y lector? Spoiler: es prácticamente imposible. No se puede escribir con esa pretensión en la cabeza, porque cada lector al que llegue tu historia es de su padre y de su madre. Entiendo que a estas alturas no hace falta aclarar que hablamos de escribir para alguien más que tu pareja y tus abuelos, pero por si acaso, dicho queda. Incluso si el destinatario fuera un lector único, tampoco tendríamos un cien por cien de probabilidades de acertar con la construcción del personaje para adaptarlo a sus gustos y anhelos. Y es que el lector es un ser vivo, que evoluciona, y sus gustos suelen evolucionar con él. No siempre, ojo, pero si pongo otro ejemplo un poco absolutista me explicaré mejor: cuando estaba en el colegio tuve que leer Rimas y Leyendas, de Gustavo Adolfo Bécquer. Y remarco lo de tuve, porque era obligatorio para aprobar la materia. No es que lo detestara, pero se me hizo pesado (sobre todo la parte lírica) y ni entendí la mitad de las leyendas. Veinte años después lo volví a leer por mero aburrimiento, estaba en el estante y lo empecé a ojear. Pero esta vez disfruté de cada una de las páginas como no habría imaginado cuando iba a la escuela. A lo que voy es que la misma persona, en diferentes etapas de la vida, puede adentrarse en un mismo relato buscando y encontrando cosas diferentes.

En un supuesto como este último, ¿acaso pasé de no empatizar a hacerlo? Según mi propia experiencia, revisitar libros y películas que leíste o viste a una edad temprana es un camino de dos direcciones. Te puede pasar como a mí con Rimas y Leyendas o te puede pasar como a mi sobrino, que lo pasaba pipa viendo E.T. cuando era crío y ahora, de adolescente le da cringe según sus propias palabras. Hay muchos componentes en este cóctel como para decir esto es así por X y lo otro es así por Y.

En el primer supuesto quizá el veredicto sea más claro. El lector ha de llegar a una obra con la capacidad comprensiva suficiente como para no aborrecer dicha obra. Si no tienes las herramientas para poder siquiera entender los mecanismos del argumento, es complicado que el mero hecho de que el protagonista te parezca la repera salve el visionado de dicha obra a tus ojos. Alguno estará pensando en este momento que a los niños hay que acostumbrarlos a leer desde pequeños, y que cuanto antes tengan acceso a lo que consideramos lecturas imprescindibles, mucho mejor. Una mierda para ti. Los niños tienen que leer lo que les guste, no lo que un adulto les diga que ha de leer desde su particular prisma. Y esos mismos de antes estarán ahora rasgándose las vestiduras mientras gritan que si dejamos que lean lo que quieran, te puedes encontrar a tu peque con la biografía de DjMaRiiO. Bueno. Es una manera de que desarrollen un sentido crítico. Anda que no he leído y visto yo auténticas mierdas. Y he escrito alguna que otra también. No sé si es la única, pero me parece la mejor forma de llegar a discernir entre una buena y una mala historia. Y es que, con un recién nacido no se te ocurre mojar su chupete en un vaso de Jägermeister para que de mayor esté acostumbrado a su graduación, ¿verdad?

En el segundo supuesto es más complicado emitir un veredicto, porque si nos vamos al ejemplo de arriba con mi sobrino, ¿es culpa de la película que ya no quiera verla ni con un soborno mediante? ¿Spielberg no supo construir una historia para los adolescentes de 2026? Bueno, teniendo en cuenta que está rodada en 1981, no creo que tuviera esas preocupaciones en la cabeza. Eso no quita para que haya veces en los que haya historias que resistirán el paso de los años, aunque sus creadores no tuvieran en mente a los lectores de hoy en día.

Después de este rodeo digno de un taxista madrileño llevando a un guiri desde el aeropuerto, volvemos a la pregunta que abría esta entrada de Escribiendo Cómics: ¿por qué empatizamos mejor con unos personajes que con otros?

Yo diría que es una cuestión de encontrar experiencias comunes (os recomiendo leer este artículo del gran Jose Valenzuela) y/o cualidades personales que compartimos con ellos, o que nos gustaría compartir por el mero hecho de desear ser como ellos en determinadas circunstancias.

Y aquí es donde alguien levanta la mano y dice aquello de «¿y si nuestro protagonista es un caníbal que se come a sus víctimas?» Bueno, para empezar le diría si está seguro que Hannibal Lecter es el protagonista de sus historias. Pero dejando apreciaciones al margen, si nos queremos dedicar a esto de escribir de una forma más o menos profesional, no podemos construir un personaje que sea caníbal y que su única motivación sea matar a gente para comérsela. Quiero decir, como poder se puede, pero si no le damos más rasgos de personalidad, una experiencia vital por la que ha llegado a ese punto en su existencia y un lenguaje propio que lo diferencie de un extra de The Walking Dead, a lo más que puedes aspirar es a escribir un chiste de antropófagos o un cuento digno de ChatGPT… por cierto, os recomiendo encarecidamente la entrada reciente de Fernando acerca de una posible consecuencia en el uso de las IA que no he leído a nadie antes.

Aquí me vuelvo a poner como ejemplo (hoy estoy por mirarme mucho el ombligo en busca de pelusas). Esa persona que levantó la mano antes para preguntar lo del caníbal me podría haber preguntado que cómo se me ocurrió tener a unos asesinos como protagonistas de las historias que Ertito y yo llevamos contando desde hace casi 12 años. Mi respuesta sería parecida a la de antes pero añadiendo que a Phil y Riot no les define lo que hacen. Igual que Hannibal Lecter no es solo un tipo que se come a sus víctimas, aunque también lo haga. En el caso de Sicarios, si habéis seguido las diversas historias espero que haya quedado claro, pero por si no, o para los que no sepáis de qué puñetas hablo, Sicarios no va de dos asesinos a sueldo viajando por las carreteras de los USA. No va de eso principalmente aunque parezca lo contrario. Sicarios va de dos amigos que se apoyan, que discuten y se reconcilian, que se gastan bromas y se pican siempre que pueden, pero que se protegen de cualquier peligro por encima de su propia seguridad.

¿Y quién no tiene o quiere un amigo así en su vida?

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