Cuando Fernando Llor me propuso colaborar aquí lo primero que le dije fue «cuenta conmigo». Lo segundo fue ponerme a pensar sobre qué escribir, dentro del abanico de posibilidades que nos brindaba. Y después de varios días dando vueltas al tema, la respuesta estaba delante de mis narices. Os cuento un secreto: desde hace unos años tenemos una Liga Fantasy de NBA entre varios guionistas, entre ellos el propio Fernando y Javi Mora (os recomiendo su entrevista de la semana pasada). Así que, qué mejores componentes sobre lo que escribir que la relación entre baloncesto y cómic a lo largo de los años.
Vaya por delante que esto no pretende ser una cronología pormenorizada de cada uno de los cómics relacionados con el mundo del baloncesto desde que al profesor Naismith se le ocurriese colgar cestas de melocotones en un gimnasio de Springfield. Primero porque sería imposible, al menos por mis propios medios. Segundo porque os acabaría aburriendo como el espectador de un partido de tenis entre dos perezosos. Entonces os preguntaréis de qué os quiero hablar, y la idea es hacer un repaso mirando atrás y adelante en el tiempo, moviéndonos por tres mercados y culturas muy diferentes, para acabar sugiriendo al final de cada uno de los tres bloques lo que puede merecer la pena echarle un rato dentro de lo que he podido leer o ver.
LOS USA SON LA PERA VENDIENDO SU BASURA
Empezamos con los Estados Unidos. Fijaos si saben vender sus mierdas, que han sido capaces de venderle al mundo que un tarado más tonto que un ajo puede ser presidente sin que haya consecuencias durante su mandato e incluso una vez se marche. ¿No van a ser capaces de sacarle provecho a un deporte de masas para retroalimentar ambos mercados? Pues claro que sí.

Si nos remontamos a las primeras apariciones de un cómic dedicado al baloncesto, hay que irse a revistas como Treasure Chest, en los años 50, que dedicaba sus números a glosar bondades del deporte entre otras temáticas. Sus orígenes están asociados a las escuelas parroquiales, así que sus historias tendían a resaltar valores afines al catolicismo. El tema era que, dado que el deporte era uno de los pilares de ese abanico de aptitudes que se predicaba entre los jóvenes, también era una de los materias sobre las que se ponía hincapié en Treasure Chest a la hora de su publicación.

Los primeros acercamientos de grandes estrellas del baloncesto norteamericano al cómic como tal, datan de 1978, cuando Rick Barry (al que seguro que los que no estén muy puestos en el tema no les suena) y Julius Erving, aka Doctor J (este seguro que os suena más), fueron los reclamos en un anuncio de Spalding dibujado por el gran Jack Davis. Por poneros en contexto, Barry y Erving eran ya figuras consagradas en el mundillo del basket, provenientes de la entonces extinta ABA. De ahí que, aunque su presencia en la NBA era relativamente nueva, ya tenían ese aura de celebridades en la cancha de baloncesto. Sin ir más lejos, Doctor J fue uno de los pioneros en lo que se refiere a tener calzado con su nombre. Ahora no todos pueden decir lo mismo y estamos en 2025, con lo que os podéis imaginar lo que eso suponía hace más de cuarenta y cinco años. En la otra esquina del cuadrilátero, Jack Davis era un enorme historietista, un primer espada de la revista MAD o de publicaciones célebres de EC Comics como Tales from the Crypt, o The Vault of Horror.

Una interesante aportación que se sale de todo este «vamos a lamernos las pelotas mutuamente» entre ambos lados de este dígono baloncesto-cómic es The Comic History of Basketball: A Fast-Break History of Hoops, publicado hace cinco años por Ten Speed Press. Sin centrarse en una sola figura del baloncesto mundial, lo cual es de agradecer, hace un repaso cronológico por la evolución del basket desde sus inicios asociados a las asociaciones ecuménicas. De igual manera, es gratificante comprobar que se le da cancha (nunca mejor dicho) al baloncesto femenino. Puede que sea de las pocas obras aquí mencionadas que lo hace, así que bien por Fred Van Lente, conocido guionista asociado a Marvel, nominado y reconocido por su aproximación humorística a un género que lleva demasiados años tomándose en serio a sí mismo. Y el dibujo de Joe Cooper no está nada mal, teniendo en cuenta que no hablamos de un producto publicitario y de pocas páginas.

Mosaic fue uno de los pocos intentos de llevar más lejos la relación entre el baloncesto y los cómics publicados por Marvel, ya que se trataba de un personaje ficticio que era al mismo tiempo una suerte de superhumano (o más bien inhumano) pero dedicando su tiempo a jugar al baloncesto. Morris Sackett, que así se llama su protagonista, es un famoso jugador profesional de baloncesto, que al entrar en contacto con la Nube Terrígena (sustancia mutagénica que emana de los Cristales Terrígenos y que activa o altera la genética latente de los Inhumanos), se da cuenta que puede saltar de persona en persona, como si fuera un fantasma, lo cual (¡qué novedad!) le traerá más problemas que beneficios. No es que durase mucho su andadura, pero ahí quedaron unos ocho números, publicados en España por Panini en un tomo integral con la portada que podéis ver más arriba, obra de Stuart Immonen. Sus autores no sonarán mucho, Geoffrey Thorne en los guiones y Khary Randolph en el dibujo, pero el primero tiene una larga carrera escribiendo historias para televisión, y el segundo tiene un estilo bastante cartoon que le valió para labrarse encadenar proyectos desde entonces y hasta la actualidad en la compañía ahora propiedad de Disney.
Entramos en zona pantanosa. Muchos seguro que os estáis preguntando qué pasa con las máximas figuras del baloncesto NBA. ¿Acaso Michael Jordan no tiene un cómic que verse sobre sus logros como el mejor jugador de todos los tiempos? Vamos por partes. Contestando a la pregunta que yo mismo he puesto sobre la mesa, claro que hay algunos, de hecho los responsables de Tidalwave no podían quedarse al margen de hincarle el diente a semejante manjar y representan a MJ como si fuera Thanos recopilando un anillo tras otro, en un alarde de ingenio previsible. No son los únicos que han aprovechado el filón legal de que la vida pública de las personalidades célebres no se puede registrar como marca comercial (o eso alegan este tipo de publicadores). Es como esas biografías no autorizadas que fagocitan los stands de librerías. Siempre y cuando dejes claro esa condición de No Autorizada, parece que te cubres legalmente de cualquier demanda por parte del personaje acerca del que estás escribiendo… salvo que cuentes algo que traspase el límite de las injurias y calumnias, obviamente. En el caso de Jordan, sabiendo cómo ha controlado todo lo que ha rodeado su nombre como una de las marcas más lucrativas del mundo, si hubiera estado detrás de algún proyecto relacionado con el mundo del cómic, seguro que hubiera vendido más que una nueva versión de iPhone el día de lanzamiento. Más allá de eso, sí que cabe reseñar que en el 92 fue el protagonista del primer número de una serie llamada Sports Superstars Comics, dedicada a las grandes figuras del deporte estadounidense de la época. En la misma serie también se dedicaba un número (#3) al gran Magic Johnson y otro (el #6) a la leyenda de French Lick, Larry Bird.
Dicho lo dicho, también los habrá que están esperando entonces que hable de LeBron James. No seré el que abra el debate sobre quién es el auténtico número #1 de la historia del baloncesto… porque para mí no hay debate. Pero no le voy a negar sus laureles al César tampoco. Y en el caso de James, dejando de lado a los publicadores «piratas», sus aventuras deportivas han llegado a las dos editoriales de más peso que hay en los USA, es decir, Marvel y DC. En 2012 Marvel, en colaboración con ESPN (una de las cadenas de televisión deportiva más potentes allende los mares), lanzó Lebron: King of the Rings. En este especial, se centra su carrera en la etapa de Miami, cuando gana por primera vez el anillo tras su salida de Cleveland. La trama predijo que ganaría un porrón más jugando hasta los 70, cosa que ha sido verdad a medias en ambos puntos… Stephen Curry mediante. La portada lleva la firma de Adi Granov y el interior corre por cuenta de Christos Gage en el guion y un combo de dibujantes que no son de mis favoritos ni mucho menos, pero que a buen seguro os suenan: Mike Deodato, Terry Dodson, el infame Greg Land y Scot Eaton. Pero ocho años antes, DC ya había apostado por llevar al por entonces jugador de Cleveland y recién llegado a la liga. En este caso, se trataba de un lanzamiento a cuenta de Powerade, la bebida isotónica que era uno de los patrocinadores del jugador. Bajo el título de King James, se comercializó con el guion de Gary Phillips, lápices de Damion Scott, y tintas de Sandra Hope, además de contar con varias cubiertas de James Jean, UDON Studios, John VanFleet, Jock, y el argentino Ariel Olivetti entre otros. En ambas ocasiones, las relaciones comerciales eran el motor de ambos lanzamientos, entendiendo que sin las alianzas con ESPN y Powerade, ni Marvel ni DC habrían tomado la iniciativa de dedicar sendos números únicos a la figura de LeBron. Pero esto es una deducción mía, que quede claro.
Para completar el podio de los que siempre están en las quinielas del GOAT, no puedo dejar de mencionar al malogrado Kobe Bryant. A raíz de su fallecimiento, no faltaron las muestras de cariño en forma de historias ilustradas, y otros «homenajes» más destinados a hacer caja (de nuevo los de Tidalwave). Al igual que le sucedió a Jordan pero quizá por otros motivos, no fue una figura muy dada a que su imagen se comercializara en relación con el cómic. Dejando a un lado esos casos puntuales más relacionados con su triste fallecimiento, tan solo apareció como una suerte de Iron Man en, de nuevo, una colaboración entre ESPN y Marvel durante la pretemporada 2010/11. Como curiosidad, entre esa galería de portadas dedicadas a cada equipo, clicando en este enlace y buscando la de los Timberwolves, podéis ver a nuestro Ricky Rubio como una suerte de Hombre de Hielo.

Dragon Hoops es una estupenda propuesta que he dejado para el final, porque, oh sorpresa, es mi recomendación entre todas las aportaciones que habéis visto en este bloque proveniente de los Estados Unidos. Su autor no suena muy norteamericano por el nombre, Gene Luen Yang, pero habiendo nacido en California ha de entrar dentro de este grupo. No estamos hablando de un piernas precisamente: embajador Nacional de la Literatura Juvenil por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en 2016; finalista del National Book Award; ganador de un premio Printz y un Eisner precisamente por Dragon Hoops… entre otros logros. Gene Luen Yang venía de escribir el muy elogiable Superman contra el Klan y decidió hacer una historia centrada en un equipo de instituto, basado en un equipo real del Bishop O’Dowd High School, donde el autor fue profesor de informática. Poniéndose a él mismo como personaje en sus tiempos de docente, la trama avanza a caballo entre sus memorias, la metaficción y el drama deportivo, pasando del poco interés del narrador por el baloncesto, a su seguimiento del cuerpo técnico y jugadores que acaban compitiendo por el campeonato en una final estatal, que parece sacada de uno de los mangas que vamos a ver más abajo por la tensión que atesora. La combinación de verdad en todo lo que se va contando y el estilo gráfico peculiar de Yang, así como su narrativa, hacen de Dragon Hoops una lectura que recetar a los jóvenes (y no tan jóvenes) que se ponen las anteojeras con el dichoso fútbol, obviando la belleza, valores y emoción intrínsecos al baloncesto.
LOS BLANCOS SÍ QUE LA SABEN METER
Y de los Estados Unidos a nuestra España, porque aquí se ha demostrado en los últimos veinte años que se puede competir contra los mejores jugando a su juego. Y en eso hablo de los dos temas que se tratan en este artículo, aunque con matices. En el caso del baloncesto podemos decir que es así tanto a nivel individual como grupal, pero en el caso del cómic, por desgracia, aunque tenemos individuos que han sido respetados, premiados y considerados como enormes profesionales en las grandes ligas, seguimos teniendo una protoindustria con cada vez más sombras que luces, en las que el autor siempre es un crash test dummy.

Héroes del Deporte no vendría a ser el equivalente de las revistas tipo Treasure Chest, pero sí que guardaba cierta similitud con las temáticas deportivas que trataba. Editorial Valenciana publicaba una línea llamada Colosos del Cómic, en la que entraban desde Flash Gordon o El hombre enmascarado, hasta Popeye o Superman, pasando por relatos autóctonos como Jaimito. Y ahí, también fue saliendo esta Héroes del Deporte, a la que se le dedicaron 5 números, centrados en fútbol, boxeo, motociclismo, artes marciales y como no, baloncesto. No eran historias completas, sino pequeñas historietas agrupadas en estos especiales.

Dentro de las apuestas infantiles que han ido surgiendo con el género deportivo como trasfondo, hay una que me parece interesante y que si bien, no es un cómic como tal, si que he querido al menos reseñarlo por si algún padre nos lee. Convenced a vuestros hijos que aparquen Los Futbolísimos y se lean este Canastones. Se lo van a pasar igual de bien o más. Con textos de Alberto Casamayor y dibujos de Palma & Kako, ya son cuatro los tomos que se pueden comprar a esta propuesta de Editorial el Pirata.

Big in Japan es aquella oportunidad perdida que se dejó pasar por la de siempre, o sea, mamoneos y juanpalomismo. Un proyecto nacido a la sombra de uno de los hitos del deporte de este país: la medalla de oro en el Mundial de Japón 2006, que se gesta en una cena con el mandamás de la FEB, para quién no lo sepa, a la postre condenado a 1 año de cárcel por cargar gastos personales a la Federación de Baloncesto. Con semejante escaparate no hubo nadie capaz de pararse y preparar algo que no fuera este panfleto publicitario editado por la propia FEB, con guion de Luis Felipe Campuzano (que apenas tenía conocimientos de baloncesto) y el dúo conformado por Christian Suárez y Alfonso Salazar en un aspecto gráfico que no es por desmerecer, pero se podía haber cuidado un poquito más. Y a pesar de eso aún hay reseñas que indican que fue el tercer libro más vendido en las navidades de 2007, justo tras su lanzamiento. Imaginad si ese bólido lo hubiera pilotado alguien en vez de un mono puesto hasta arriba de vodka.

Sin duda alguna, la recomendación que tengo que dejar como punto final de este bloque es Subnormal. Más de uno estará pensando ahora que soy un adulador de Fernando como anfitrión y tal y tal. Eso es que no nos conoce a ninguno de los dos. A él como uno de los guionistas más sugestivo del panorama nacional, y si no me creéis, pasaros por mi blog que tengo unas cuantas reseñas de algunas de sus propuestas. Y a mí como ser viviente que tiene la ecuanimidad entre sus pocos valores. Subnormal comparte la característica con Dragon Hoops de ser una historia en la que el baloncesto no es el protagonista, sino un medio para contar algo mucho más importante. En este caso, el acoso escolar al que fue sometido el exjugador Iñaki Zubizarreta cuando tenía 11 años. Que no se me olvide mencionar la enorme calidad del trabajo que hace Miguel Porto en este tomo que seguro que aún podéis conseguir de alguna manera.
JAPONCESTO (PERDÓN POR LA IDIOTEZ)
Y acabamos, como no podía ser de otra manera, con la principal potencia a nivel comiquero del mundo dentro y fuera de sus fronteras, o sea, Japón. Y a nivel de baloncesto ojo, que se han propuesto mejorar empezando por su liga B1 que se ha convertido en un reclamo para jugadores extranjeros, entre los que se incluyen compatriotas como Sebas Saiz, por no hablar de la llegada de jugadores nipones a la NBA.

Kuroko no Basket es una historia clásica de manga de deportes, donde los protagonistas parece que han de escalar una montaña de dificultades y rivales para alcanzar sus objetivos, en este caso llevar al Instituto Seirin a ser el mejor equipo en su categoría de Japón. Cada uno de los jugadores parece tener una especialidad que lo hace único y juntos deben hacer frente a los excompañeros del protagonista, Tetsuya Kuroko. Kuroko no Basket es obra de Tadatoshi Fujimaki, que tuvo su traslación al formato anime.

Slam Dunk es posiblemente el manga y el anime de baloncesto por antonomasia. Y no por falta de motivos. Tanto los diseños de los personajes, como la historia realizada por una institución en el spokon como Takehiko Inoue, son de una calidad altísima. La trama en el manga sigue a Hanamichi Sakuragi, el típico personaje rebelde que acaba en el equipo de baloncesto del instituto Shohoku por razones muy alejadas a su interés por el deporte. De ahí solo puede haber una evolución a acabar siendo un jugador de equipo importante y apreciado por sus compañeros. La diferencia con el anime es que el argumento se centra en el base del equipo, Ryota Miyagi, contando como sigue los pasos de su hermano fallecido y la pelea interna que eso supone en su evolución como jugador y líder en la cancha.

Y acabo este bloque y a su vez, este paseo por la conexión entre baloncesto y cómic, con la que es mi recomendación dentro de que, como habéis comprobado, no estoy tan ducho en los manga deportivos como en los cómics de los dos anteriores apartados: Real, del mismo autor que Slam Dunk, Takehiko Inoue. Si sumas todas las cosas buenas que adornan a su obra más conocida, pero le añadimos un trasfondo diferente, como es el hecho de que sus protagonistas están en silla de ruedas y así juegan al baloncesto, el resultado es una obra a disfrutar.
