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Entrevista a Sergio Hernández

Hoy desde Escribiendo Cómics tenemos el gusto de presentaros a Sergio Hernández (Valencia, 1994), uno de nuestros mejores guionistas de la actualidad. Filólogo hispánico por la Universitat de València y guionista titulado por el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma, lleva publicando desde el 2015 (365 primeras citas para Alupa Editorial), labor que compagina con diversos guiones para Plaza Radio y Play Radio Valencia. En 2019 publica La última canción de primavera (OléLibros) y ya en 2020, junto al dibujante Toni Caballero, publica Backhome para Planeta Cómic un manga de thriller con excelente acogida. También con Toni gana en 2021 el premio Diafebús de Novela Juvenil por su obra El Diari de Laia (Drassana). Vuelven a colaborar en 2024 con la adaptación al manga de Soy Leyenda de Richard Matheson para Planeta Cómic. Entre medias, en 2023, publica Hysteria (Planeta Cómic) junto a Lolita Aldea. En 2024 finaliza su primera novela La letra herida (Contraluz).

En definitiva, un narrador prolífico y extraordinario, capaz de remover la conciencia de tu alma y dejarte absorto, capaz de conmoverte y replantearte tus propios límites, alguien que hace de la ficción algo más… ¿Se nota que apreciamos su trabajo? Bien, sin más dilación, con todos ustedes… Sergio Hernández.

Desde una perspectiva teórica y práctica, ¿cómo definirías el guion como forma de escritura narrativa y cuáles consideras que son sus principios estructurales fundamentales?

Para mí es una escritura muy visual, donde jugamos con las imágenes y las elipsis para construir una narrativa donde el lector debe llenar esos huecos, haciéndole partícipe de la historia. En ese sentido, es algo distinto a la narración de una novela y eso es precisamente lo que lo hace tan apasionante. En cuanto los principios estructurales, no creo que sean muy distintos a los de cualquier otra historia, sino que más bien estamos ceñidos a los diferentes formatos que se publican para adaptar nuestra estructura a la industria editorial. Y con todo, hay guionistas formidables que consiguen saltarse las reglas del juego y hacer algo único.

En el proceso de construcción de un guion, ¿qué dimensión presenta mayores exigencias cognitivas y creativas: la conceptualización de la premisa, la organización estructural del relato o la configuración psicológica de los personajes?

Creo que no es algo objetivo, sino que cada guionista tiene sus fases y se enfrenta a problemas distintos. En lo personal, disfruto mucho cada estadio del guion, en especial a la hora de estructurar la historia. En términos de exigencia, creo que esa es también la fase en la que hay que estar más alerta porque en un medio tan visual, donde a diferencia de la novela narramos con imágenes, es necesario una estructura muy sólida que haga que la historia se sienta equilibrada en todos sus actos.

¿Qué diferencias metodológicas identificas entre la creación de un guion y el formato de otras disciplinas?

El trabajo en equipo con un dibujante es algo fascinante, quizás lo más diferencial respecto a otros medios. Ese proceso horizontal donde se unen ambos estilos para dar vida a algo que de otra manera sería impensable es muy bonito y especial. Un ejercicio de cooperación, generación y ambición compartida que le añade una capa más social al proceso de creación y también nos obliga a pensar mucho más allá del texto, tratando de encontrar soluciones desde el viñeteado o la paginación.

El manga posee un sistema narrativo propio, caracterizado por una fuerte integración entre imagen, ritmo y secuencialidad. Desde tu experiencia, ¿cuáles son las principales dificultades que plantea este estilo al guionista?

Posiblemente el retrato de la emoción y la subjetividad de los personajes. Por supuesto, hay miles de mangas y estilos, pero en los años que llevo trabajando en el sector siempre me he encontrado con la emoción en el foco. Tal vez en otro tipo de géneros o industrias, el guionista se pueda permitir una narración más omnisciente o tomar cierta distancia con los personajes a favor de la narración, sin necesidad de meterse en la mente de todos. En el caso del manga es algo peculiar porque sientes que el lector requiere de una narración que maneje muy bien esos microrritmos de la épica, el silencio, emoción, reflexión interna del personaje… Al quedar todo atravesado por la subjetividad y la perspectiva de los protagonistas, te obliga a detenerte y darles un tiempo, un espacio, una voz, que en otros géneros sería impensable. Por supuesto, es algo muy gratificante porque te permite acelerar o desacelerar la historia a voluntad, pero también es un reto viniendo de una tradición literaria occidental.

¿De qué manera negocias tu identidad autoral con las convenciones formales y culturales del manga?

Es una gran pregunta. En mi caso, llegué al mundo del cómic de forma accidental. Fue un accidente fantástico, claro, pero un accidente al fin y al cabo. Venía del mundo del cine y de la novela, porque afronté mi identidad autoral con absoluta inocencia, de forma genuina: si tenía la oportunidad de publicar una historia de supervivencia, ¿por qué no iba a hacerla pese a encontrarme lejos de esos géneros en términos más generales? Ha sido ahora, con el paso del tiempo y varios tebeos publicados que he tomado distancia para coger aire y decidir qué tipo de guionista quiero ser.

En términos de escritura, el manga suele apoyarse en el uso expresivo del silencio, la elipsis y la temporalidad subjetiva. ¿Cómo se traducen estos recursos en decisiones concretas dentro del guion?

Por un lado, a nivel macro, generando esas secuencias narrativas que nos permitan imbuirle estas técnicas y ritmos a las páginas. Hablamos de flashback, peleas, revelaciones de los personajes o momentos de decisiones imposibles. Y por otro, como decíamos antes, dejándonos llevar por los personajes, narrando a través de ellos y contándole al lector cómo se sienten.

¿Qué diferencias prácticas encuentras entre escribir escenas de acción y escenas centradas en el desarrollo emocional de los personajes dentro del formato manga?

Pese a que siempre hay cierta voluntad estética en la composición de la página y el orden de las viñetas, atendiendo al equilibrio entre la elección de planos, creo que en una batalla siempre he buscado el efectismo y el suspense, dejando las escenas más relevantes para la página siguiente; y en una escena más emocional he tratado de darle al personaje las viñetas que necesita sin pensar tanto en lo técnico. Al final es un proceso muy intuitivo.

Una obra que nos encanta es tu adaptación de Soy leyenda. El paso de un texto literario a un medio visual implica procesos de transformación, condensación e interpretación. ¿Cómo abordas estos procesos en tu práctica profesional?

La verdad es que la adaptación de Matheson fue un proceso muy bonito y difícil a la vez. Como ya imaginaréis, lo bueno es que era un material que por el cine estaba muy presente en el imaginario colectivo. Y, sobre todo, que es una gran historia con una tesis atemporal con la que es muy goloso trabajar. Lo difícil fue que se trata de una novela técnica en cuanto a lo científico, donde la narración gira en torno al flujo de conciencia de un personaje que está solo, que se martiriza y que representa a un ideal masculino de hace varias décadas, por lo que adaptarla a un medio visual fue un verdadero reto. No en balde las adaptaciones audiovisuales distan tanto de la obra original. Con todo, pensamos que quedó un cómic fiel al material original pero con las suficientes concesiones como para ser un buen tebeo por sí solo.

Cuando adaptaste la novela de Matheson, ¿cómo decidiste qué partes debían mantenerse, cuáles simplificarse y cuáles eliminarse sin afectar la esencia de la obra?

Como decía antes, fue un proceso muy intuitivo, como todo. Lo primero que hice fue pensar en la estructura que tendría la adaptación. Ya sabíamos el límite de páginas que tendríamos de forma aproximada, de manera que traté de dividir el material original en varios capítulos de cómic book. Pensar la historia como una colección aislada de grapas nos ayudó mucho a vertebrar una narrativa propia. Lo más difícil fue agrupar escenas y capítulos que no tenían mucho que ver entre sí y que carecían de significado a la hora de plantear una narración puramente visual. Por ejemplo, en la novela se recurre mucho a la reiteración de la rutina de Neville, el protagonista, para reforzar la sensación de soledad. En cambio, no funcionaba demasiado en el cómic porque a la tercera vez que lo veías ir al mismo supermercado, la narración se hacía muy pesada y redundante.

¿Qué errores considera más frecuentes en la adaptación de obras literarias al cómic o al manga?

Otra gran pregunta. Creo que los errores que se cometen son intrínsecos a la decisión de sacar una historia del medio en el que ha sido concebida. El cómic o el manga tienen sus propios códigos, su lenguaje, su ritmo… y si sacas esos ingredientes de la receta es lógico que no sepa igual. Creo que lo más difícil es encontrar un equivalente a cada uno de esos códigos dentro del nuevo medio en el que se adapte. Aunque dicho así es muy fácil, ¿verdad? (Risas)

¿Las adaptaciones literarias son un medio idóneo para conseguir nuevos lectores en el ámbito cultural? ¿Es un prejuicio considerarlas más asequibles?

Creo que no tienen nada de malo que un tebeo sea más asequible que otro, porque aceptar eso implica que debería premiarse el hermetismo, y volveríamos a esa conversación tan trillada de los carnets de los lectores de cómic, etc. Yo lo veo más fácil que todo eso: como creador te surge la oportunidad de llegar a más gente trabajando en una obra universal y es difícil dejar escapar la ocasión. Sumado a eso, todo lo que sea llegar a un público más grande, es fantástico, siempre y cuando podamos mantener la esencia de quiénes somos. ¿No es eso a lo que aspiramos todo los escritores?

El guion, especialmente en el ámbito del manga y el cómic, implica una relación estrecha con el dibujante y el lenguaje visual. ¿Cómo entiende un guionista como tú su función dentro de este proceso de co-creación y qué mecanismos utilizas para garantizar la coherencia narrativa entre texto e imagen?

Para mí la cooperación y la comunicación con el dibujante es clave. Me ayuda mucho (y sé que a ellos también) entender el guion como un elemento vivo, una herramienta de trabajo que está al servicio de la narración, y que a la hora de pasar al dibujo, puede y debe variar, adaptarse y mutar para cumplir su verdadera función: contarle algo al lector de la mejor manera posible.

En Escribiendo Cómics nos gusta analizar y comprender cómo está la situación del cómic español en general y de las guionistas en particular, ¿cómo consideras que está en este momento?

Si hablo de manga, que es el género en el que más años he pasado como creador, creo que venimos de un momento muy dulce. Planeta Manga ha sido un éxito por justicia propia. Gracias al trabajo de la editorial, las obras de los autores nacionales han llegado a países como Japón, Francia, Alemania, Italia, Brasil, Estados Unidos… Algo que hace una década era impensable. Así que lo considero un gran momento, claro. Es cierto que hemos normalizado estar en tantos países y llegar a tanta gente, pero eso no debe hacernos olvidar el momento único e histórico por el que estamos pasando. Ojalá que eso sirva para crear cantera y que surjan nuevos dibujantes y guionistas que perpetúen ese legado. Y ojalá que las editoriales españolas sigan apostado por ellos. 


¿Crees que existe alguna diferencia entre el momento en el que empezaste tu carrera y el momento actual?

Por supuesto. Cuando comencé a escribir guiones de cómic en 2016 había muchas menos oportunidades de las que hay ahora. Solo hay que ver la media de edad de los autores noveles ahora o antes. Recuerdo que cuando entramos a Planeta Cómic con veintiséis años éramos una generación entera de autores jovencísimos, y ahora hay gente publicando que no llega ni a los veinticinco y ya tiene uno o dos tomos publicados. Es una barbaridad. Y no puede ser mejor señal.

¿Qué aconsejarías a alguien que está empezando a escribir guiones de cómic?

Por obvio que parezca, la mejor recomendación siempre será la misma: escribe mucho y lee más todavía. No hay escritor sin lector.

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