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Entrevista a Juan Albarrán

Hay profesionales del mundo del cómic en nuestro país que, por lo que sea, no tienen el altavoz mediático que tienen otros con muchos menos méritos. Yo sigo en mi lucha personal porque a Juan Albarrán se le saque de ese grupo. Un auténtico hombre hecho a sí mismo, que dirían los anglosajones. De entintador en el mercado USA a dibujante en la NBA del cómic mundial, la industria del manga japonés… en Japón. Esta es la tercera vez que lo entrevisto. La primera vez fue un 20 de marzo de 2013, lo que quiere decir que hace poco más de 13 años de la primera charla acerca de su trabajo. No será la última, ya aviso.

Yo te conozco desde hace 17 años (se dice pronto), pero por si acaso hay alguien leyendo esto que no sepa quién eres, ¿cómo le explicarías quién es Juan Albarrán?

Pues sí, ya son 17 años… cómo pasa el tiempo. De hecho, si no recuerdo mal, fuiste la primera persona que conocí dentro del mundillo del cómic en España. Como ya he comentado alguna vez, estuve unos 10 años alejado del cómic, tanto como lector como dibujante, y cuando volví, en 2009, tú fuiste una de las primeras personas con las que entré en contacto.

¿Quién es Juan Albarrán? No sé muy bien cómo responder a eso… me considero una persona bastante normal que siempre ha querido ganarse la vida haciendo algo creativo o artístico. Hubo una época en la que pensé en dedicarme a la fotografía, otra en la que lo intenté con la música, composición y grabación en estudio, pero, al final, lo que mejor se me dio fue el cómic. Además, podría decirse que es mi «primer amor». Recuerdo leer cómics y dibujar desde niño, así que me hace especial ilusión que hoy en día los cómics sean mi profesión.

También diría que soy bastante obsesivo y tozudo, y que cuando me marco un objetivo no dejo de intentarlo hasta conseguirlo. Siempre he dicho en broma que, si algún editor de cómic o manga me contrata, no será porque sea el mejor dibujante, sino porque soy muy pesado y acabarán diciéndome que sí solo para dejar de recibir tantos mensajes míos pidiendo trabajo.

En resumen, me describiría como un auténtico obseso de los cómics, especialmente del manga japonés.

En la segunda entrevista que te hice, en 2024, hablamos del momento en que Matagi Gunner pudiera llegar a su fin. Por entonces la serie iba por el tankōbon 8 y ya avisabas que llegado ese día, te gustaría dar el siguiente paso e intentar escribir y dibujar tu propia serie. Han pasado casi dos años desde aquello y has escrito y dibujado tu propia serie.

Sí, es verdad. Curiosamente, ese objetivo lo he cumplido con mi siguiente serie, A Mangaka’s Road to Japan, aunque no del todo. En realidad, lo que a mí me gustaría es guionizar y dibujar una serie larga.

A Mangaka’s Road to Japan es una serie muy corta, de solo 11 capítulos, que Kodansha me pidió dibujar como parte del lanzamiento de la Kodansha Manga Academy. La KMA es un intento de Kodansha por reclutar mangaka de fuera de Japón y, para ello, han creado una página web con información sobre cómo llegar a dibujar manga en Japón. Creo que también están preparando un concurso internacional para este año y, en sus redes sociales, publican muchos consejos e información muy útil sobre cómo funciona la industria del manga en Japón. Para promocionar esta iniciativa y generar tráfico hacia la web de la KMA, me pidieron dibujar A Mangaka’s Road to Japan.

Me lo he pasado muy bien dibujando esta serie, no solo porque no tuve fechas de entrega tan ajustadas como en Matagi Gunner y pude disfrutarla un poco más, sino también porque aprendí muchísimo al trabajar por primera vez con editores japoneses en la parte de escritura y construcción de la historia. Sé que no es una serie que vaya a convertirse en un gran éxito, en parte porque es muy corta, pero a nivel artístico ha sido una experiencia muy valiosa.

La serie tenía una duración determinada desde el principio, así que tampoco he tenido presión por ventas ni por popularidad; simplemente me he centrado en contar la historia lo mejor posible. Ahora que ya la he terminado, estoy a la espera de comenzar mi siguiente serie. Como decía antes, me gustaría tanto guionizarla como dibujarla, pero soy realista y sé que el nivel que se exige, sobre todo en lo referente a la historia, es muy alto, y no sé si lograré que me aprueben una serie propia. Aun así, como ya he dicho, soy muy tozudo y no dejaré de intentarlo, aunque obviamente también estoy abierto a trabajar con un guionista, como hice en Matagi Gunner.

Para el que no lo sepa, A Mangaka’s Road to Japan es un proyecto que Juan empezó cuando finalizó Matagi Gunner en el tankōbon 11, y que se puede leer en inglés en K Manga o en japonés para los más avezados a través de Comic Days, la plataforma para suscriptores de Kodansha. Corrígeme si meto la gamba, Juan. El hecho de que Kodansha, que yo creo que incluso a un novicio en esto del manga le ha de sonar, te elija como una especie de guía para nuevos talentos procedentes de fuera de Japón, ¿te produce más tranquilidad por la confianza que eso supone o también algo de presión por la responsabilidad que conlleva?

En cuanto a Comic Days, metes la gamba, pero solo un poco. Kodansha tiene más de una app de manga, destinadas a distintas demografías. Comic Days es principalmente la app del grupo Morning, y recoge sobre todo manga seinen para un público joven-adulto. En ella se publica lo que aparece en las revistas Morning, Morning 2 y también bastantes series que se lanzan directamente en Comic Days.

Respecto a tu pregunta, yo creo que más que como un guía, me presentan como el «conejillo de indias», el experimento. Es decir, como el ejemplo de que se puede conseguir lo que ellos buscan, que no es otra cosa que contratar mangaka no japoneses que lleven series de larga duración en Japón. No he sido el primer ni el único extranjero en trabajar en Japón. Solo desde España ya dieron el salto Kenny Ruiz, antes que yo, y también están Eduard Balust y Konata en Kodansha. Además, hay un dúo de autores franceses, un dibujante italiano, etc. en otras revistas.

Aun así, sí es verdad que, de momento, yo soy el que más tiempo ha mantenido una serie y, por el hecho de vivir en Japón, he recibido bastante atención de los medios de comunicación. He hecho varias entrevistas en prensa escrita y he salido en televisión cuatro veces, si no recuerdo mal.

Cuando empecé Matagi Gunner sí sentí cierta responsabilidad con respecto a Kodansha. Pensé que, si no cumplía, no querrían volver a intentarlo con otros mangaka occidentales. Pero ahora ya no. Yo ya he cumplido con mi parte, Kodansha se ha convencido de que se puede trabajar con autores no japoneses y el resto depende de cada mangaka que lo intente.

Y tranquilidad, tampoco. No es que sea tan famoso ni haya vendido tanto como para que las editoriales, Kodansha incluida, hagan cola pidiéndome que trabaje para ellas. Mi trabajo en Matagi Gunner cuenta, he llamado la atención de algunos editores, pero a la hora de la verdad lo que importa es presentar una nueva propuesta de manga que la editorial crea que puede funcionar. Por lo que he visto, aquí nadie se casa con nadie: lo que manda es la calidad del trabajo.

Relacionado con esto, no hace mucho intercambiaba mensajes con un guionista japonés muy conocido en Japón, que me contaba que, después de hacer una serie para una revista durante más de 20 años y vender millones de copias, entró un nuevo editor jefe, le obligaron a terminar la serie y no pudo empezar otra en esa revista porque le rechazaban todas las propuestas. Tuvo que irse a otra revista.

Si ni un autor como él puede confiarse, imagínate yo…

¿Puede ser que ese guionista al que mencionas sea Buronson, cocreador de la mítica El Puño de la Estrella del Norte? Me interesa mucho esto que comentas. Por lo que tú conoces, esto de no casarse con nadie al punto de que dé lo mismo tu trayectoria ni tu nombre, ¿es un signo de los nuevos tiempos? Me explico, en el caso de Buronson, hasta donde he leído, los motivos que se barajan es que sus ideas están un poco ancladas en el pasado y que no encajan en los gustos de los lectores más jóvenes.

No, no es Buronson. El guionista con el que hablé es otro autor cuyo trabajo nunca se ha publicado fuera de Japón. No voy a decir su nombre porque me explicaba estas cosas en petit comité y no quiero hacer públicos todos los detalles, ya que él nunca ha hablado de ello en redes sociales ni en entrevistas.

Lo de Buronson, en cambio, sí que me llamó mucho la atención. Me pareció bastante raro y creo que habría que conocer también la versión de las editoriales, y en concreto saber qué editoriales le han rechazado y por qué. No creo que sea simplemente una cuestión de que su trabajo no encaje con el gusto de los jóvenes, porque en Japón no se publica solo manga para jóvenes. Además, Buronson ha publicado muchas obras dirigidas a un público más adulto, y su carrera no depende únicamente del lector joven. Santuario, uno de mis cómics favoritos de siempre, lo escribió él bajo el seudónimo de Sho Fumimura y, desde luego, no es una obra para lectores adolescentes.

Por otra parte, ha seguido publicando manga hasta hace relativamente poco. Su última serie, Too Beat, terminó en 2023. Quizá no haya podido empezar ninguna serie nueva en los últimos dos o tres años y por eso dijo lo que dijo, pero no es que las editoriales se hayan olvidado de Buronson por ser un «dinosaurio» incapaz de adaptarse a los tiempos actuales. Como digo, ha publicado recientemente: repasando su bibliografía, cuento unas 15 series publicadas desde el año 2000 en adelante. No está nada mal.

Por eso mismo, a mí me gustaría tener también la versión de la editorial o editoriales implicadas y saber qué series fueron rechazadas y por qué, antes de lanzarme a la yugular de los editores por no respetar a una leyenda como Buronson (que es lo que he visto en redes como reacción a su entrevista).

He buscado exactamente lo que dijo en dicha entrevista. Es lo siguiente: «Hoy en día ya no me llegan ofertas, así que soy yo quien tiene que llevar los manuscritos por mi cuenta. Y aunque nadie quiera usar los que presento, tengo muchas ganas de comprobar si una obra escrita a mi edad, con la capacidad que tengo ahora, todavía puede sostenerse frente a los lectores actuales. Por eso llevo mis trabajos a los editores casi a la fuerza. Pero creo que, a mis espaldas, estarán diciendo algo como: «Otra vez viene ese viejo pesado» (risas).»

No sé qué decirte. Hace solo tres años sus historias sí eran aceptadas por las editoriales, así que me cuesta creer que de repente todas hayan decidido ponerlo en una lista negra únicamente por su edad. En cualquier caso, el tema me parece muy interesante y me encantaría poder leer esas historias y saber por qué fueron rechazadas. De todo se aprende.

Hablando de aprender. Muchas veces se ve como la gente de este mundillo enseñan por redes sociales la pila de lecturas pendientes y la imposibilidad de que esa pila baje porque hay gente que compra por inercia ya. Teniendo en cuenta que durante la etapa en la que estuviste trabajando en Matagi Gunner las jornadas eran maratonianas, supongo que eso afectó al tiempo que le podías dedicar a leer manga como mero aficionado, solo por la diversión de hacerlo, pero ¿pudiste dedicarle algo de espacio a la lectura en modo estudio, para intentar incorporar cosas al trabajo en el que estabas inmerso? ¿O ya te pasa como a mí (bueno, como a mí y supongo que más gente), que no puedo volver al modo aficionado ni cuando leo un cómic ni cuando veo una película?

Sí, el tiempo de lectura y ocio se reduce, obviamente, porque tenía que elegir entre horas de sueño o leer manga y la salud es siempre lo primero. Aun así, yo leía y leo manga cada día, cuando me voy a la cama después de trabajar. Cuando voy con fechas de entrega justas y voy cansado, lo normal es leer un par de capítulos de algo y quedarme dormido, pero poco a poco, nunca he dejado de leer. De hecho, lo considero mi premio después del día de trabajo y mentalmente me va muy bien el pasar de creador a consumidor, aunque solo sea durante unos minutos al día.

En cuanto a leer para estudiar y/o entretenerme, yo creo que hago las dos a la vez, pero sin pasarme. No puedo evitar leer un manga y pararme a mirar el dibujo, la composición, la anatomía, etc. Cuando el manga es bueno, analizar todo eso forma parte del disfrute. Y si veo alguna cosa que creo que puedo aplicar a mi trabajo siempre hago una foto y me lo guardo para más tarde. Y lo mismo con la historia, siempre intentando ver cómo está estructurada y tal. Pero no me obsesiono con eso, a veces me meto tanto en la historia que me olvido de todo y solo disfruto. Me pasó por ejemplo en Ataque a los Titanes, que me leí el año pasado y me enganchó de verdad.

Y de aprender a enseñar. Aparte de llevar para adelante tus proyectos, Matagi Gunner hasta su último volumen, ahora A Mangaka’s Road to Japan, en septiembre del año pasado te arrancaste con un podcast llamado Mangaka sin fronteras. ¿Cómo surge la idea de volver a los micros con un contenido en el que pones a disposición del que te escucha, toda tu experiencia desde que te embarcas en esta aventura de ser un mangaka?

Bueno, más que enseñar, lo que me apetece es compartir. Por una parte, recibía muchos mensajes de otros dibujantes que descubrían que había publicado en Japón y tenían preguntas: querían saber cómo lo hice, pedían consejos y demás. Como obviamente no podía responder a todos mientras estaba dibujando Matagi Gunner por falta de tiempo, pensé que, cuando terminara la serie y tuviera algo más de tiempo libre, me gustaría grabar un podcast para responder a esas preguntas y compartir lo que he aprendido, cómo trabajo y cómo veo el mercado japonés del manga desde dentro.

Además, como bien dices, no es la primera vez que me pongo delante de un micrófono. Hace unos años grabé contigo y otros compañeros un podcast llamado Lo Que Yo Te Diga, que duró unos tres años, y de adolescente, antes de que existiera internet tal y como lo conocemos hoy, hice algo de radio amateur con los colegas del instituto. La radio siempre me ha parecido un medio de comunicación fascinante, en el que lo único que importa es la voz de quien habla y lo que dice; el resto lo pone el oyente. Si lo que se cuenta es interesante, la gente escucha, y eso me parece un reto muy bonito.

Y, por último, también influye que, por falta de tiempo y por la barrera del idioma, no tengo muchas amistades en Japón con las que pueda quedar habitualmente y frikear sobre el manga y mi trabajo. Conozco a varios mangaka, pero casi todos viven en Tokio, así que no los veo con frecuencia. El podcast me sirve para hablar de lo que me apetece, para quien quiera escuchar e interactuar conmigo. De momento está siendo una experiencia muy buena: me divierto mucho grabándolo y hablando con los oyentes, y espero que las futuras fechas de entrega me permitan seguir haciéndolo durante mucho tiempo.

Me consta que habiendo escuchado los 12 episodios que hay a día de hoy, y leyendo los comentarios que te dejan en cada uno de ellos, muchos te dirán que todo lo que compartes vale quilates. Y además me parece muy generoso. Sobre todo en un colectivo este el nuestro que cada vez tiende más a pensar en el yo y no en el nosotros. Habiendo trabajado en los dos mercados más potentes en los que se puede trabajar, ¿se puede decir que la mentalidad en la industria del manga pondera más el nosotros que el yo con respecto a la mentalidad occidental? Y de ser así, ¿crees que ese es uno de los motivos por los que llevan en la cima de la cadena alimenticia desde hace años ya?

No me gusta generalizar porque puede ser injusto, pero después de haber vivido casi diez años en Estados Unidos y más de tres en Japón, y de haber trabajado en ambos mercados, tengo la impresión de que la actitud de cada industria es un reflejo de la mentalidad de cada país.

Como bien dices, el estadounidense, y en parte el occidental en general, aunque quizá en menor medida, tiende a ser más individualista, mientras que el japonés suele hacer un gran esfuerzo por contribuir a la armonía del grupo que le rodea. No quiero decir que en Occidente no haya gente generosa o considerada con los demás, pero cuando conoces de cerca cómo funciona la sociedad japonesa, la diferencia es clara.

Un ejemplo que siempre me viene a la cabeza son las noticias que aparecen cada vez que hay un Mundial de fútbol. Seguro que las has visto alguna vez: muestran imágenes de aficionados japoneses limpiando las gradas después de los partidos y llevándose su propia basura. En Occidente solemos sorprendernos con algo así. Para ellos, sin embargo, es algo natural: en una situación así están pensando en la persona que vendrá después y quieren dejar el lugar tan limpio como lo encontraron.

Volviendo al mundo del cómic y el manga, es cierto que he notado más generosidad y menos competitividad tóxica entre mangaka y editoriales en Japón. Pero eso tampoco significa que sean perfectos ni que no hayan manzanas podridas en el cesto.

En cuanto a los motivos por los que el manga japonés domina las ventas a nivel mundial, no estoy seguro de que tenga que ver únicamente con esa mentalidad. Me lo han preguntado varias veces y nunca he sabido dar una respuesta exacta. Después de pensarlo mucho, creo que influyen sobre todo dos factores.

El primero es la cantidad de páginas que se producen. En el tiempo que tarda en realizarse un capítulo de 20 páginas en el mercado estadounidense (unas cinco o seis semanas), un mangaka que trabaja en una revista semanal puede haber escrito y dibujado entre 100 y 120 páginas. Si multiplicamos eso a lo largo de los años, es lógico pensar que los mangaka japoneses han producido muchísimo más cómic y, por pura práctica, han perfeccionado más el arte de enganchar al lector que un autor occidental que no ha tenido el mismo ritmo de producción.

El segundo factor es el énfasis en las emociones de los personajes. Los editores japoneses siempre hablan de cuál es la emoción que se expresa en cada historia, en cada página y en cada viñeta. En el mercado estadounidense se pone más el foco en la trama, la acción y la construcción de mundos o universos, y quizá menos en lo que sienten los personajes. A la hora de conectar con los lectores, centrarse en las emociones es clave, porque cualquier persona, en cualquier parte del mundo, puede empatizar con ellas. Por ejemplo, One Piece gira en gran medida en torno a la amistad inquebrantable entre Luffy y su tripulación. Aunque no seamos piratas, ni japoneses, ni españoles, ni canadienses o australianos, todos podemos identificarnos con la idea de darlo todo por nuestros mejores amigos. En el mercado estadounidense, ese aspecto a veces puede quedar en segundo plano.

En cualquier caso, como decía al principio, no me gusta generalizar. Seguro que para cada punto que he mencionado alguien podría darme un ejemplo de un cómic que contradiga lo que acabo de decir.

El segundo factor que mencionas es algo que te escuche en el capítulo 9 de Mangaka sin fronteras y me llamó la atención hasta el punto de empezar a divagar. Por poner en contexto al que no haya escuchado el capítulo, hablabas de que el lector japonés prefiere un estilo donde se prime la exageración sobre el realismo (del mercado USA), donde se vean claramente las expresiones y emociones. No sé si eso tiene que ver con que, culturalmente les cuesta más expresar en el ámbito público esas emociones y tienden a ser más comedidos si los comparas con un occidental estándar. Me resultó llamativo ese contraste, dicho todo esto desde la distancia y el conocimiento que he podido acumular de ver, leer y sobre todo hablar contigo.

No creo que a los japoneses les cueste expresar sus emociones en público. A mí me parece que, más bien, eligen no hacerlo con tanta frecuencia por lo que comentaba antes: evitar molestar a los demás, mantener la armonía, etc. Pero los japoneses son tan expresivos y comunicativos como personas de cualquier otra cultura. No sé si utilizan el manga para compensar una supuesta falta de comunicación; no puedo afirmar que no sea así, pero, en mi opinión, no lo creo.

Quizá esa preferencia que mencionas, y que sigo pensando que es real, tenga más que ver con los orígenes del cómic y el manga. En Estados Unidos, la tradición viene de personajes como Superman, Batman o Spider-Man, dibujados en un estilo relativamente realista. En cambio, en Japón la influencia original fue sobre todo Osamu Tezuka y el manga infantil, que tenía un estilo mucho más estilizado y alejado de la realidad. Puedo estar equivocado, pero creo que los gustos de los lectores de cada país están bastante condicionados por lo que se ha publicado en ellos durante décadas.

Entonces es más un tema de educación y cortesía que de personalidad. Otro punto para ellos y una cosa más que aprendo contigo. Volviendo a tu más reciente obra, los que te hayan seguido a lo largo de los 11 tomos de Matagi Gunner y de repente, lean esta entrevista y vayan a ver A Mangaka’s Road to Japan, les puede llamar la atención el cambio de estilo gráfico. Yo sé un poco de donde viene este cambio porque me lo dijiste, pero ¿puedes contar a los que nos están leyendo esta cuestión? Y ya que estamos, ¿con cuál de los dos estilos te sentiste más cómodo?

El cambio de estilo lo hice básicamente porque creía que era el que necesitaba la historia. A Mangaka’s Road to Japan tiene bastante humor y mucha exageración, y pensé que un estilo más cartoon podría funcionar mejor.

Además, cuando trabajaba como asistente en 2020 y dibujaba mis one-shots para enviarlos a editoriales japonesas, hice varios capítulos en un estilo parecido, en los que explicaba mi intento de publicar en Japón. Parece que, sin darme cuenta, me adelanté a la idea de serie que luego me pediría Kodansha. El estilo de dibujo de aquellos capítulos de 2020 era similar, así que me pareció natural adaptarlo un poco para A Mangaka’s Road to Japan.

También me apetecía dibujar algo con un toque clásico. Uno de mis autores favoritos de siempre es Shinji Mizushima, autor de Dokaben y Abusan, y quería rendirle un pequeño homenaje acercándome ligeramente a su estilo.

¿Con cuál de los dos estilos me sentí más cómodo? Dibujé más de 2000 páginas de Matagi Gunner y poco más de 100 de A Mangaka’s Road to Japan, así que, obviamente, me siento más cómodo con el estilo de Matagi Gunner. Lo he trabajado y asimilado mucho más. Aun así, no sé si puedo decir que alguno de los dos sea realmente «mi estilo», o incluso si tengo un estilo concreto. Suelo fijarme en la historia que estoy dibujando e intento adaptarme a lo que esa historia necesita en cuanto al estilo de dibujo.

Ya hemos hablado del pasado, del presente y ahora toca hablar del futuro. Con el fin de A Mangaka’s Road to Japan se abre un periodo en el que vuelves a trabajar en la posibilidad de empezar nuevo proyecto. En este momento y sin contar nada que no se pueda contar, ¿qué se siente una vez que has acabado un trabajo y se abre un periodo de espera entre ese fin y lo que puede estar por venir?

Se siente una mezcla de alivio e incertidumbre. Por una parte, está la satisfacción de haber terminado un proyecto, que en el caso del manga japonés suele ser bastante largo, y de poder tomarse un descanso. Por otra, está la realidad de que empezar una nueva serie en Japón lleva tiempo y de que no hay trabajo asegurado hasta que el editor jefe da su visto bueno, lo cual siempre produce cierto vértigo.

En este sentido, Japón es diferente al mercado americano, sobre todo al del cómic de superhéroes, donde los personajes y universos ya están creados y es más rápido empezar a dibujar uno o varios capítulos de una serie porque la maquinaria lleva funcionando desde hace años. En Japón, cada serie nueva comienza desde cero, así que se tardan meses en prepararlo todo antes de empezar a publicar. Obviamente, hay que estar preparado mental y económicamente para ese parón, que no es fácil en absoluto. En mi caso, pasar de tres años trabajando en Matagi Gunner, a un ritmo de 60 páginas al mes, a un parón absoluto durante varias semanas no fue sencillo. Ahora lo llevo un poco mejor.

Y, aunque no me lo has preguntado directamente, mucha gente sí lo ha hecho, así que adelanto que de momento no tengo otra serie confirmada y no puedo anunciar nada. Estoy en el proceso de preparar propuestas para ver si alguna es aprobada. En cuanto pueda anunciar algo, lo haré.

En esa línea, imagina que llega una propuesta de una editorial que te pone un cheque en blanco en cuanto a la temática de la historia que quieren que hagas (guion y dibujo, ¿sobre qué te gustaría que fuera esa nueva obra?

Venga, hablemos por hablar, porque lo del cheque en blanco no va a pasar, ¡ja, ja, ja! Si algo caracteriza a las editoriales japonesas es que son muy intervencionistas y quieren formar parte del proceso de creación de todo lo que publican. Al menos a mi nivel; imagino que a autores consagrados o que llevan años vendiendo manga como rosquillas les dejan más libertad, porque han demostrado que no necesitan tanta ayuda.

Es difícil decir un tipo concreto de historia que haría si me dejaran elegir, porque me gustan muchos géneros. Me gustaría dibujar el Japón actual, pero también la época Edo, con samuráis y demás. Siempre me ha gustado el manga histórico. También me gustaría dibujar un manga de deportes, seguramente de fútbol o béisbol, aunque de béisbol sé menos y me daría respeto meterme en una historia larga de verdad. Pero dibujar una serie de manga de deportes sí me gustaría.

Ah, y me encantaría dibujar un gag manga, aunque reconozco que el humor es probablemente lo más difícil de hacer bien.

En cuanto a demografías, creo que el seinen (dirigido a hombres jóvenes y adultos) es lo que más me gusta, aunque no me cierro a nada. En realidad, lo importante es que crea que la historia es buena y que merece la pena contarla. En resumen, creo que me gustaría dibujar el tipo de manga que me gusta leer, así de simple.

Vamos a viajar a un universo alternativo en el que nunca llegó a haber pandemia y en 2020 mantienes tu trabajo como entintador de DC, ¿qué crees que hubiera pasado a lo largo de estos años y en qué situación estarías ahora?

Pues sinceramente yo creo que mi situación actual no hubiera cambiado mucho, aunque es verdad que seguramente no estaría dibujando en Japón. Lo de dibujar en Japón me vino a la mente como solución desesperada porque parecía que el mercado de cómic occidental había parado en seco.

Pero la profesión de entintador casi ha desaparecido por completo porque gracias a las herramientas digitales y a que los dibujantes pueden aumentar el precio de página que reciben si asumen las tintas, la necesidad de entintadores en las dos editoriales grandes, Marvel y DC, ha ido desapareciendo. En el resto de editoriales, ya en mi época, no contrataban entintadores por falta de presupuesto.

En ese universo paralelo seguramente estaría dibujando alguna serie para el mercado americano o francés, quizás algo para Image, Dark Horse o algo así. No sé si tendría nivel para dibujar en Marvel o DC, que técnicamente los dibujantes en esas editoriales son muy muy buenos, pero quizás lo estaría intentando.

La respuesta quizás, la tienes en el universo actual si miras a otros entintadores que trabajaban en los comics de superhéroes hace 6 o 7 años y que actualmente han tenido o querido cambiar de profesión. Hablo de artistas como Jordi Tarragona, Raúl Fernández o el portugués Daniel Henriques. Jordi y Raúl son ahora dibujantes a tiempo completo y Daniel, aunque aún entinta esporádicamente, está guionizando su propia serie para el universo Spawn de Todd MacFarlane. En mi caso, yo creo que estaría en una situación parecida.

Y dando por hecho que eso hubiera sido así, poniendo en una balanza ambos caminos ¿entiendo que prefieres el que estás andando ahora? Y de ser así, ¿puedes decirme los motivos ciñéndonos al aspecto profesional?

Sí, estás en lo cierto, prefiero el camino que sigo ahora publicando en Japón. Las razones son muy simples, sobre todo si nos ceñimos a lo profesional. Más allá de gustos o preferencias sobre el tipo de cómic que se hace en cada mercado, Japón es, con diferencia, el país donde más gente lee cómics en el mundo. No solo el trabajo de un mangaka puede llegar a más gente, sino que las posibilidades de ganarme bien la vida son mucho mayores aquí que en cualquier otro mercado.

Además, se producen muchas más series, por lo que también hay más oportunidades de encontrar trabajo, ya que existen muchas editoriales. Es verdad que el tema del idioma dificulta las cosas, pero creo que cada vez menos.

Más allá de la publicación de manga en sí, en Japón el manga es una fuente de inspiración e ideas para el anime, obviamente, pero también para el cine y la televisión. Constantemente se estrenan películas y series nuevas basadas en mangas, lo que se traduce en beneficios para los mangaka que crearon esas obras.

Y aunque sea algo subjetivo, en Japón se respeta mucho más la figura del mangaka y el trabajo de contar historias a través del dibujo que en otros países. Quizás Francia se acerque, pero no estoy seguro. En cualquier caso, estar en un mercado donde constantemente se respeta y se valora el trabajo que uno hace no tiene precio.

No todo es perfecto, obviamente: se trabaja demasiado y puede ser estresante. Pero, si ponemos todo en una balanza, lo bueno pesa mucho más que lo malo.

Lo último ya, agradeciendo el tiempo que has sacado para charlar conmigo de tus cosas por tercera vez y amenazando que esta no será la última entrevista que te haga… hazme una predicción, cuál de estos dos sucesos pasará antes: que haya una industria del cómic en España pero de verdad, no lo que tenemos ahora, o que tú y yo nos veamos en persona de una puñetera vez.

Teniendo en cuenta que tú y yo estamos en continentes distintos, separados por unos 10.000 kilómetros de océano, estoy convencido al 100 % de que antes nos conoceremos en persona que de que el mercado español del cómic crezca lo suficiente como para que los españoles no tengamos que emigrar a otros mercados. Creo que queda bastante claro lo optimista que soy respecto al mercado español.

Muchas gracias a ti por la charla, espero que la amenaza de una cuarta entrevista se haga realidad más pronto que tarde. Y ojalá me equivoque con mi predicción y el mercado patrio del cómic crezca, madure y se nos convierta en un adulto sano y responsable.